ORANDO POR NUESTROS HIJOS Y NIETOS (1)

“Y el niño (Jesús) crecía y fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él” (Lucas 2:40).

“Y el niño (Juan Bautista), crecía y se fortalecía en espíritu” (Lucas 1:80).

Lectura: Lucas 2:36-40.

¿Qué cosas hemos de orar por nuestros hijos, o nietos y sobrinos?
            Aquí tenemos una lista de sugerencias. Hemos de orar con esperanza, con ímpetu, y con las promesas de Dios por nuestra base. Que seamos el ejemplo y la inspiración que ellos necesitan. Ideas:

  • Ora por su pureza moral. “Pues los labios de la mujer inmoral son tan dulces como la miel y su boca es más suave que el aceite, pero el final ella resulta ser tan amargo como el veneno. Aléjate de ella” (Prov. 5:3, 4, 8).
  • Pide que respeten la autoridad de sus padres: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen” (Ex. 20:12).
  • Pide al Señor que los acerque a sí mismo a una edad temprana.
  • Pide que Dios los guarde de la estrategia de Satanás: “Estad firmes contra las asechanzas del diablo” (Ef. 6:11).
  • Pide para que conozcan y amen la Palabra de Dios: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9).
  • Pide que glorifiquen a Dios en la salud y las circunstancias que Dios les dé: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18).
  • Pide que teman a Dios para ser sabios: “El principio de la sabiduría es el temor a Dios” (Prov. 1:7).
  • Pide a Dios que les dé amigos cristianos: “Jonatán amaba a David como a sí mismo” (1 Sam. 20:17).
  • Pide que estén dispuestos a sufrir por Cristo: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” (2 Tim. 2:3).
  • Que sean fieles a su Palabra: “Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no”  (Mat. 5:37). 
  • Que mantengan su fervor espiritual, sirviendo al Señor: “En lo que requiere diligencia, no perezosos” (Rom. 12:11).
  • Que sean humildes, no fanfarrones: “A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Tim. 4:18).
  • Que no salgan palabras feas o sucias de su boca: “Sea vuestra palabra siempre con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Col. 4:6).
  • Que entiendan cómo debe ser la vida cristiana y que la vivan: “Os ruego, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios… No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:1, 2).

Señor amado, enséñanos a orar por nuestros hijos. Amén.

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