“No apaguéis al Espíritu” (1Tesalonicenses 5:19).
Lectura: 1 Tes. 5:16-24.
En este pasaje familiar tenemos una lista de nuestras responsabilidades para mantenernos en el camino de la santificación hasta que la obra sea completa:
- “Estad siempre gozosos”
- “Orad sin cesar”.
- “Dad gracias en todo”.
- “No apaguéis al Espíritu”.
- “No menospreciéis las profecías”.
- “Examinadlo todo; retened lo bueno”.
- “Absteneos de toda especie de mal”.
Después de mandarles a hacer todo esto, Pablo interrumpe en oración a favor de estos amados creyentes: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
Luego los anima, a ellos y a nosotros, con una hermosa promesa frente a esta responsabilidad tan grande: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (5:24). Un momento. ¿No son ellos los responsables de hacer todas estas cosas? Sí. ¿Pero no es Dios el que nos va a santificar por completo? Sí. Aquí tenemos un glorioso conjunto. Nosotros tenemos que hacer lo que el apóstol especifica y, a la vez, Dios nos santifica, en todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Somos colaboradores con Dios en nuestra propia santificación.
Mirando la lista vemos que hay un elemento que cae en medio: “No apaguéis al Espíritu”. Esta es la clave. Si somos sensibles a la voz del Espíritu, Él nos dará motivos para estar siempre gozosos; Él nos llevará a la oración continua; Él nos ayudará a dar gracias en todo; Él nos dará discernimiento para saber cuándo una palabra viene de Dios y cuando no; Él nos ayudará a distinguir entre el bien y el mal; y Él nos alertará cuando se nos presenta la tentación de hacer lo malo. Entonces, solo tenemos una responsabilidad, la de andar en sintonía con el Espíritu Santo, a seguir su dirección, a oír su voz y reconocerla, y a obedecer sus susurros; Él nos dará lo que necesitamos para cumplir con nuestra responsabilidad: paciencia, poder, disciplina, autodominio, una actitud positiva, consuelo, ánimo y gozo. Él es nuestro Ayudador a lo largo del camino de la santificación. Es nuestro Guardador. Su responsabilidad es presentarnos en condiciones al final del camino, santificados y mucho más parecidos a Jesús.
Así que en el día de hoy nuestra oración es que Dios afine nuestro oído a la voz del Espíritu y que nos dé mucho gozo en la comunión con Él. Amén.
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