LA VARA Y EL CAYADO

     

“Aunque ande en valle de sombra de muerte… tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23:4).
 
Lectura: Salmo 23:1-4.
 
            En estas fechas unos hermanos nuestros están enfrentando la muerte de un ser querido. El texto que automáticamente nos viene a la mente cuando pensamos en atravesar esta prueba es el Salmo 23: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. Tomamos la presencia del Señor en nuestro dolor como el antídoto para el sufrimiento, y nos saltamos lo de la vara y el cayado, porque parece que no tiene nada que ver con el consuelo que necesitamos, pero el Salmo dice que el aliento viene precisamente de allí. ¿De qué manera podemos recibir fuerza y ánimo en medio del valle de sombra de muerte” por medio de la vara y el cayado del Señor? Recibimos aliento de ellos porque la vara es la del Padre, que protege y disciplina al hijo que ama, y el cayado es el del Buen Pastor, que guarda y dirige a su oveja. Vayamos por partes.
 
            Normalmente pensamos en la vara como un instrumento que sirve para dar palizas, no como algo que da consuelo. La vara es un instrumento de disciplina, de corrección y de enseñanza: “Quienes no emplean la vara de disciplina odian a sus hijos. Los que en verdad aman a sus hijos se preocupan lo suficiente como para disciplinarlos” (Prov. 13:24, NTV). “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Heb. 12:11). “Yo solía desviarme, hasta que me disciplinaste, pero ahora sigo de cerca tu palabra” (Salmo 119:67; NTV). La vara es también un instrumento de protección. En las sombras del valle de la muerte se esconden muchos peligros. Se usa la vara para darle al lobo o al león que acechan en la oscuridad para devorar a la oveja. Atravesando el oscuro valle de la muerte es fácil perder el camino, y caer en la tentación: “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él” (Prov. 22:15). La vara me protege de mi necedad y de mis enemigos.
 
El cayado sirve para mantener a la oveja con el resto del rebaño donde está su seguridad. No es bueno pasar la muerte solo sin el apoyo de los demás creyentes. En medio de la intensidad de la angustia de la muerte de un ser querido los hay que quieren esconderse en la oscuridad o acurrucarse en posición fetal y morir también en la soledad de las sombras. El cayado del Buen Pastor los saca de allí y los conduce al resto del rebaño. Si la oveja tropieza y se cae en un hoyo, porque no puede ver el camino, el cayado del Pastor la saca de allí y la pone de nuevo en el camino. Es muy fácil perderse en la intensidad de la oscuridad que acompaña a la muerte. La oveja piensa que el Pastor está lejos, porque no lo ve, pero cuando siente el cayado alrededor de su cuello, sabe que está allí mismo con él, guiándola, protegiéndola, guardándola y encaminándola.
 
La promesa es: “Tú estarás conmigo”, y lo notaré por medio de la vara y del cayado, y recibiré el aliento que me dará la fuerza para seguir adelante, ya sin la presencia de aquel que ha partido, pero con la del Pastor como nunca la había conocido antes. Él mismo “confortará mi alma” (23:3), porque Él mismo me ha amado hasta la muerte.    

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