LA PALABRA FUE HECHA CARNE

     

“Y aquel Verbo fue hecho carne” (Juan 1:14). “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1, 2).
 
Lectura: Juan 1:1-5 y 14.
 
            Del Verbo, la Biblia dice: “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Heb. 1:3). Este texto explica quién es el que nació en Belén y el motivo de su venida a este mundo, a saber, para “efectuar la purificación de nuestros pecados”. Jesús vino al mundo para conquistar el pecado por medio de su obediencia a la voluntad de Dios. El pecado vino al mundo por medio de la desobediencia de nuestros primeros padres, y fue vencido por medio de la obediencia del Hijo de Dios. Deshizo el pecado revirtiendo el proceso.
 
            La voluntad de Dios para Adán y Eva fue no comer del fruto. Esta prueba fue relativamente fácil. La voluntad de Dios para Jesús fue que muriese, siendo quien era, y siendo inocente, condenado por el pecado del mundo. Esta prueba fue difícil, pero la pasó con éxito. Fue “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8).
 
La voluntad de Dios para nosotros es la misma: que muramos a todo lo que es pecaminoso en nosotros, a todo lo torcido de nuestra vieja naturaleza, a nuestras viejas tendencias que nos acarrean problemas, a todos los deseos de nuestra carne que no son santos.  
 
            Jesús hizo purificación por nuestro pecado, pero nosotros también tenemos que ser crucificados con Cristo como escribe el apóstol: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal. 2:20). Tenemos que morir a las cosas por las cuales Jesús ya ha muerto, ser crucificado juntamente con Él, y resucitar a una nueva vida ahora libres de estos pecados. La Navidad está íntimamente relacionado con Semana Santa, es decir, la cuña con la cruz. No podemos celebrar la Navidad sin celebrar nuestra salvación.   

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