EL QUE NACIÓ EN BELÉN

     

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:1-4).
 
Lectura: Juan 1: 14.
 
            La vida y la luz estaban en el eterno Hijo de Dios. Evidentemente es un Ser transcendente. Cósmico. Es la Fuente de Luz y Vida. El hombre pregunta: ¿Dónde está el origen de la vida? Busca a la ciencia para darle la respuesta. Aquí tenemos la respuesta. ¿De dónde vino todo cuanto existe? Tuvo su origen en el eterno Hijo de Dios. Procede de Él. De su Ser emanó la vida. El resplandor de su santidad alumbra el universo. Él es transcendente, eterno, contiene lo todo en sí mismo, abarca todo cuanto existe y lo mantiene en su curso. Todo existe por Él y para Él.
 
            Todo esto es en contraste directo con lo que el Señor llegó a ser en la encarnación: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). No solo dejó su gloria, como si dejase de brillar, sino que dejó el estado en que siempre había estado y asumió la naturaleza del hombre. Este es un hecho incomprensible, que el origen del cosmos llegó a ser un ser humano. Es lo que Juan está intentando decir, pero es inexpresable. Nosotros pensamos que el Bebé en el pesebre está empezando su vida en pobreza, pero hemos de tener en cuenta desde el principio que el universo tuvo su origen en Él, que toda energía, poder y vida fue reducido al tamaño finito para caber en un cuerpo humano.
 
            Jesús es Luz y Vida en nosotros. Él es Luz a nuestra mente entenebrecida, y trae entendimiento y verdad. Nos ilumina e inspira. Y es vida a nuestro cuerpo: nos aporta fortaleza, poder, ímpetu decisión, iniciativa, persistencia, resiliencia y triunfo. Su Vida y Luz en nosotros ilumina todo y supera todo.  Un himno navideño lo expresa así:
 
Cristo, adorado por el alto cielo; Cristo, el eterno Señor,
Vele venir en el tiempo avanzado, nacido de una virgen.
Vele el Dios velado en carne humana; ¡saluda a la Deidad encarnado!
Contento de vivir como Hombre entre los hombres, Jesús nuestro Emanuel.  
 
Saluda al Príncipe de Paz nacido del Cielo, ¡saluda al Hijo/Sol de Justicia!
Luz y Vida a todos les aporta, levantado con sanidad/salvación en sus alas.
Manso, se separa de su gloria, nacido para que el hombre ya no tenga que morir,
Nacido para levantar a los hijos de la tierra, nacido para darles un segundo nacimiento.
 
¡Escucha el anuncio de los ángeles:
“¡Gloria al nuevo nacido Rey”!

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