“Y le hablarás diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. El edificará el templo de Jehová, él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos” (Zacarías 6:12, 13).
Lectura: Zacarías 6:9-15.
Aquí tenemos otra profecía acerca del Mesías. Isaías habló de su capacitación y su carácter y Zacarías habla de su ministerio de Rey y Sacerdote, y de que construirá el Templo de Dios. Nos sorprende porque estas dos funciones siempre estaban separadas en Israel tal como estaba estipulado en la Ley de Moisés.
Esta profecía empieza cuando Dios manda al profeta a ir a casa de dos hombres y hacer coronas reales para ponerlas en la cabeza del sumo sacerdote. Tiene que pronunciar sobre él una profecía acerca del Renuevo, el Rebrote que saldrá del tronco de Isaí, el Señor Jesús, al efecto de que Él edificará el templo de Dios. Tenemos que situar esta profecía en tiempos de la reconstrucción del templo de Jerusalén cuando los cautivos volvieron de Babilonia. Ellos estaban trabajando muy duro para quitar de en medio los escombros y remontar las piedras para hacer una reconstrucción del magnífico templo de Salomón. Era un trabajo duro, lento, con muchas dificultades y problemas causados por sus enemigos. Para ellos habría sido un anuncio maravilloso que el esperado Mesías fuera a construir el templo, pero les habría causado sorpresa y un poco de confusión. Se habrían preguntado qué significaba aquello de coronar al sumo sacerdote y unificar los dos oficios. Zacarías añadiría aún más confusión al decir lo siguiente: “Los que están lejos vendrán y ayudarán a edificar el templo de Jehová” (6:15).
Han pasado muchos siglos y nosotros entendemos mucho más que los primeros oyentes de esta profecía. El Mesías es Jesús de Nazaret. Será el Rey de Israel, pero no en su primera venida, sino en la segunda, y no temporalmente, sino eternamente, no solo de Israel, sino del pueblo de Dios de toda raza, nación, y pueblo del mundo entero. Él será tanto sumo sacerdote como rey, pero no como ellos pensaban, según la ley de Moisés, sino en términos espirituales. Como Sacerdote Él abogaría por nosotros delante de Dios en el Cielo presentando su misma sangre como base para nuestro perdón. No ofrecerá sacrificios de animales para el perdón de pecados, sino que Él mismo será el sacrificio definitivo para quitar los pecados, no solo de Israel, sino del mundo entero. Y Él edificará el templo de Dios, no de piedras de la tierra, sino de piedras vivas, los redimidos por su propia sangre. Será la eterna y verdadera Casa de Dios, su eterna morada en el Cielo.
Te estarás preguntando: ¿por qué dio Dios una profecía que sus oyentes no iban a entender? Porque los judíos convertidos a Cristo sería la confirmación de que están en la verdadera fe, la de Abraham y Moisés, y para nosotros, los creyentes posteriores, sería maravilloso ver que lo que nosotros creemos ya había sido profetizado centenares de años antes de la venida de Jesús para ser totalmente cumplida cuando Él vuelva a reinar, que el cristianismo no es una nueva religión sacada de la manga, sino la continuación de la fe del Antiguo Testamento que había sido profetizada desde el principio.
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