EL MARAVILLOSO PLAN DE DIOS PARA MÍ

     

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de los que lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos: pues Dios conoció a los suyos de antemano y los eligió para que llegaran a ser como su Hijo” (Rom. 8:28, 29).
 
Lectura: Rom. 8:30-32, NTV.
 
            Todos hemos escuchado la frase que se usa para presentar el evangelio a no creyentes: “Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida”. Esto es cierto, pero lo tenemos que calificar muchísimo, porque es cierto desde el punto de vista de Dios y de la eternidad, pero no necesariamente de la manera en que lo entendemos nosotros. El plan de Dios para su Hijo fue que naciese en pobreza, fuese perseguido desde bebé, fuese rechazado por los de su país, difamado por los que profesaban fe en Dios, condenado injustamente y crucificado. Este es un plan brillante y maravilloso, porque obró nuestra salvación, pero ¿no es lo que se suele considerar un plan maravilloso para nuestra vida! Lo mismo ocurre con su plan para nuestra vida.
 
            El plan maravilloso de Dios para nuestra vida es que seamos como su Hijo (8:9). Para ello tenemos que cambiar muchísimo, porque por naturaleza no somos humildes, obedientes, deseosos de hacer la voluntad de Dios, dóciles, sacrificados, abnegados, dispuestos a sufrir por amor a otros; no amamos a todo el mundo, ni al prójimo como a nosotros mismos, ni a Dios tanto que estamos dispuestos a hacer su voluntad, aunque nos cueste sufrimiento personal. Si Jesús, que era perfecto, fue perfeccionado por lo que sufrió (Heb. 5:8, 9), cuanto más tenemos que ser perfeccionados nosotros por el mismo método, que es método de Dios per-excelencia. Como el mármol tiene que ser sometido a golpes de la zarpa y del cincel para llegar a ser una bella obra de arte, nosotros también, pero no gusta.
 
Así que nos quejamos y decimos, ¿Es el plan de Dios para mí, que tenga una vida miserable, separado injustamente de mis hijos, que sufra separación y soledad toda la vida? ¿Es el plan de Dios para mí que nazca ciego? ¿Qué plan es este que nunca encuentre un trabajo que me guste, o que esté casada con un hombre que nunca se convierte, o que no pueda tener hijos, o que nunca me case? Pues, el plan va de acuerdo con lo que tiene que cambiar en cada uno de nosotros, y el método que Dios elije para realizar estos cambios.
 
El plan de Dios para mi vida es que sea como su Hijo y si tengo que pasar todo esto para serlo, es un plan perfecto, porque lo que Dios tiene en mente es la eternidad, y el lugar que tengo que ocupar en su reino, y las cualidades que necesitaré tener para desempeñar el papel que tiene para mí entonces. Para Dios, todo vale la pena, porque esta vida es corta y la otra es eterna, porque lo que tiene planeado para nosotros es tan maravilloso que vale la pena lo que tenga que sufrir. Mientras pasamos las mil y una (Salmo 66.10-12) tenemos la clase de comunión que Jesús tuvo con su Padre, nuestra fe crece, glorificamos a Dios, y cambiamos poco a poco para ser hermosos por dentro como lo estuvo Jesús en su humanidad, y como será por toda la eternidad, luciendo las marcas de su pasión. Y nosotros las tendremos esculpidas en nuestro carácter, brillando como las suyas, eternamente con Dios mirándonos con orgullo diciendo: “Esta es mi hija; es perfecta».     

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