EL GRAN QUIASMO DE DIOS

     

“Yo soy el principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”. “Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último” (Apoc. 1:8, 11).
 
Lectura: Apoc. 1:7, 8.
 
            El Señor es el principio y fin, el primero y el último, y su creación es un reflejo de su Persona. Parece que hizo la Creación en dos etapas, a saber, la vieja y la nueva, que todavía está en proceso de completarse. La primera fase empezó con la creación de los cielos y la tierra y terminó con la creación del hombre. La segunda fase empezó con la creación del nuevo hombre en Cristo, y terminará con la creación de cielos nuevos y tierra nueva, ¡el orden inverso de la vieja creación! Esto es un quiasmo, una forma literaria que empieza con una idea, después una segunda idea, después una tercera idea, etc, hasta llegar al centro donde está la idea principal y después viene una variación de la última idea, y después de la penúltima idea y finalmente de la primera idea. Este es un quiasmo. Dios empezó su proyecto, lo desarrolla y ahora trabaja hacia atrás hasta llegar a donde empezó. O sea, empezó con la creación de un viejo universo y terminará con la creación de un nuevo universo, con el nuevo hombre en Cristo en el centro. El centro es Cristo mismo, y el centro de Cristo es la Cruz. Visto de esta manera, Cristo crucificado ocupa el centro del universo. Y el universo es un quiasmo.
 
El plan de Dios es reunir todas las cosas en Cristo: Nos dio “a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, la… de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Ef. 1:9, 10). “En él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Col. 1:16, 17). Cristo es el centro de todo; todo empezó con Él y todo terminará con Él.
 
La Biblia también es cíclica. Empieza con la Creación, sitúa al hombre en un paraíso, él peca, y luego viene la profecía de la Cruz (Gen. 3:15); termina con el nuevo hombre en el paraíso en la nueva creación. Esto se debe a la obra de la Cruz. El centro de la Biblia es Cristo crucificado.
 
Surge la pregunta: ¿Por qué tiene el universo forma de quiasmo? Porque Dios lo tiene y su creación lo refleja. ¿Qué significado tiene esto? La creación también está hecha a la imagen de Dios, por así decirlo. Pues, Dios también es cíclico. Del Padre procede el Hijo, eternamente engendrado, y del Padre y el Hijo procede el Espíritu. El Espíritu glorifica al Hijo y lo da a conocer, y el Hijo glorifica al Padre y hace su voluntad, que es la cruz, y la voluntad del Padre es centrar todas las cosas en el Hijo y el Espíritu suple todo lo que haga falta para que la voluntad de Dios se cumpla.
 
Todo esto es muy grande. Conocemos en parte; pero entonces conoceremos como fuimos conocidos (1 Cor. 13:12). Hasta aquí alcanza nuestro conocimiento, y esto lo supera, pero lo que sí vemos es que Dios es consistente consigo mismo, y su forma de ser permea todo cuanto existe y todo cuanto hace.    

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