“Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados. Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios” (Is. 40:1-3).
Lectura: Is. 40:1-5.
A primera vista parece que Dios está diciendo que, puesto que Israel ha sufrido el doble por su pecado, su pecado es perdonado y ahora le toca ser consolado. Si esto fuese cierto, Herodes el Grande, el que intentó matar al niño Jesús, habría sido perdonado por lo que sufrió él en su lecho de muerte. Fue consumido por gusanos (Hechos 12:23). El único problema con esta interpretación es que nuestro sufrimiento por nuestro pecado no consigue el perdón de Dios. Nuestro sufrimiento no nos redime, pero sí puede santificarnos.
Otro problema es que Dios no parezca justo, “porque doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados”. Parece que ha hecho sufrir a Israel aún más de lo que su pecado merecía. Esto es lo que mucha gente piensa, que Dios les ha hecho sufrir más de lo que merecen, o piensan que su sufrimiento siempre es debido a su pecado, o que es evidencia de que no agradan a Dios, y se sienten culpables. La relación entre el pecado y el sufrimiento es muy compleja y no se puede dogmatizar.
El texto continúa diciendo: “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios”. ¿Qué tiene que ver este texto con el anterior? Está hablando del perdón de pecado y luego procede a profetizar del ministerio de Juan el Bautista que fue enviado por Dios a preparar el camino a Dios. Esta profecía está repetida en Mt. 3:3: “Éste (Juan el Bautista) es aquel de quien habló el profeta Isaías cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor” (Jesús). Vamos a parar aquí un momento. Juan el Bautista preparó el camino de Jesús llamando a la gente al arrepentimiento por sus pecados para que estuviese preparada para confesarlos y creer en Jesús quien pagó el precio para que pudiesen ser perdonados. Esta idea encaja perfectamente con el consuelo por el perdón de pecados de Is. 40. El perdón no viene por nuestro sufrimiento sino por el sufrimiento de Jesús en el Calvario.
Otra cosa vemos en este texto. Isaías 40:3 dice “Preparad camino a Jehová” y Mateo dice “preparad camino del Señor”. Obviamente el que vino fue Jesús. Así que podemos concluir que Jesús es Jehová. ¡A ver cómo los Testigos de Jehová salen de esto! Pues vino Jesús y nos consiguió el perdón de nuestros pecados. Por esto el profeta dice: “Consolaos”. No hay mayor consuelo que este, que Dios haya perdonado nuestros pecados por medio de la muerte sustitutiva de Jesús. Él es el que ha pagado doble por todos nuestros pecados, no nosotros. Su muerte tiene infinito valor por ser quién es, el Hijo de Dios. Por eso su paga excedió con creces la deuda. Nosotros no tenemos que sufrir el doble por nuestros pecados, porque Jesús pagó por ellos. Somos más que perdonados por el sacrificio de Jesús. Y el consuelo resultante es muy grande.
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.