USAR EL MAL PARA BIEN

“En mi primer defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león” (2 Timoteo 4:16, 17).
 
Lectura: 2 Tim. 4:16-18.
 
            Pablo aprovechó la ocasión de su defensa no para defenderse a sí mismo, ni para acusar a sus oponentes de las injusticias que habían cometido, sino para predicar el evangelio. Él fue como Dios en este aspecto. Dios aprovechó la mayor injusticia jamás cometido contra Él, la crucifixión de su Hijo, para ofrecer salvación al mundo, y hemos de ser como él y aprovechar el mal cometido contra nosotros para predicar el evangelio.
 
Cuando alguien nos hace daño nuestra tendencia natural es defendernos, o atacar a nuestro oponente con palabras cortantes, insultantes y duras para hacerle daño y vengarnos. Esto es hacer la justicia a nuestra manera, pero “la ira del hombre no obra la justicia del Dios” (Santiago 1:20). Así ganamos un enemigo. O bien, podemos usar la ocasión para predicar el Evangelio. Con buenos modales podemos confrontarle por su ofensa, ¡y decirle que lo perdonamos! Esto es seguir el ejemplo de Jesús “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23). Si hablamos de su pecado y perdonamos, lo dejaremos sorprendido dándonos una oportunidad para predicarle el evangelio. Nuestra intención tiene que ser pura, la de verlo salvos, no la de defendernos o vengarnos por lo que nos ha hecho.
 
El caso es que lo que ha hecho es pecado, y su pecado es en primer lugar contra Dios. Un día tendrá que dar cuentas delante de Dios por el daño que nos ha hecho, y por todos los demás pecados que ha cometido. Si conocemos su vida, podemos señarlos como hizo Pedro en el día de Pentecostés. Pedro dijo a la multitud: “Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros per medio de él, a éste… prendisteis y matasteis… Este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo… Arrepentíos, y bautícese, cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Ver Hechos 2:22-38).
 
Un día nosotros también tendremos que presentarnos delante de Dios. La Biblia dice: “De la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Heb. 9:27). Dios nos va a juzgar por todas las cosas malas que hemos hecho. Dile a la persona que te ha ofendido: “Yo también he cometido pecados, pero los he confesado y Dios me ha perdonado, “porque Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos” (Heb. 9:28), y si quieres que los suyos sean incluidos con los que han sido perdonados, tienes que confesarlos delante de Dios y Él te perdonará como yo te he perdonado”.  Es imposible inventar una buena conversación hipotética, pero según lo que hemos visto en las Escrituras, si perdonamos y usamos la ocasión para presentar el Evangelio, daremos a las personas que nos han ofendido la oportunidad para ser salvos, y así venceremos el mal con el bien.

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