ASPECTOS DEL AMOR

“El amor es sufrido… todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13:4, 7, 8a).
 
Lectura: 1 Cor. 13:4-8a.
 
            “El amor es sufrido, todo lo sufre, todo lo soporta; nunca deja de ser”. El amor es capaz de aguantar lo que sea. El apóstol aquí se refiere al amor en su esencia pura, el amor de Dios: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Este amor en nosotros es una de las manifestaciones del fruto del Espíritu Santo. Permanece a pesar de desilusiones, desprecios, abandonos, malos tratos, desencantos, decepciones, y un largo silencio. Tiene vida propia, porque procede de Dios. Es eterno, porque es parte de su naturaleza. Supera todos los amores naturales: el amor de una madre, el amor entre novios, el amor entre esposos, el amor entre amigos, el amor por la patria, el amor por las cosas bellas de esta vida: el arte, la naturaleza, los animales. Todo lo supera. Es indestructible.
 
            “El amor todo lo cree, todo lo espera”.  Esto es cierto. Realmente es así. No es que uno se lo proponga, es que funciona así: el amor cree y espera. La fe y la esperanza son componentes del amor. Son parte de su naturaleza. No es que el amor haga un gran esfuerzo por adquirir esperanza; la conlleva. Es sorprendente lo que puede creer y cuánto tiempo puede esperar. No se desgasta con el tiempo porque participa de la eternidad. No muere: “Las muchas aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos pueden ahogarlo” (Cantar de Cantares 8:7, NTV).
 
El amor espera el cumplimiento de todas las promesas de Dios en cuanto a las personas por las cuales estamos orando. Oramos por los que amamos y pedimos por su salvación o por su transformación y lo esperamos con una fe que no muere y una paciencia que procede de Dios. Creemos que Dios está obrando en aquella persona y que Él no nos defraudará, sino que hará lo que solo Él puede hacer para que ella sea perfeccionada para parecerse a Jesús algún día. No nos mandaría a tener paciencia y esperanza si no tuviese la intención de contestar a nuestras oraciones.  
 
Dios nos llama a dar gracias con fe en todo lo que Él hará: “Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:15). Por este motivo podemos perseverar en la oración sabiendo que Dios nos dará lo que estamos pidiendo porque es su voluntad que las personas sean salvas y santificadas. “Dios nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4) y las creemos y esperamos su cumplimiento.
 
            El amor de Dios por nosotros es así: “Es sufrido… todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser”. Por eso Dios nunca se dará por vencido con nosotros. Dios en su amor por nosotros tiene fe en lo que su Espíritu y su Palabra pueden lograr en nosotros, los objetos de su amor. Cree en lo que su poder puede efectuar en nosotros, espera a que lo busquemos, espera por nosotros mientras maduramos, y cree que su propósito para nosotros será realizado, ¡y consigue nuestra colaboración! para que así sea. Todo el trato de Dios con nosotros procede de su amor por nosotros, todo, y nuestro trato con los demás cuando el amor de Dios fluye de nosotros es igual, porque se trata del mismo amor.

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