“Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).
Lectura: Juan 16:5-14.
Cuando Jesús les dijo a sus discípulos que iba a dejarlos y volver al Padre estaban muy tristes. ¿Qué harían sin Él? Para animarlos Jesús les dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad… Vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16, 17). Su función iba a ser reemplazar a Jesús al dar dirección a sus discípulos, enseñarlos, corregirlos, fortalecerlos, recordarles lo que Jesús había dicho, ayudarlos a entender su enseñanza, capacitarlos para la obra con dones espirituales, y guardarlos en el camino de la fe.
La única cosa que realmente interfiere en nuestra relación con Cristo es el pecado. No siempre lo reconocemos de entrada para poder evitarlo, tampoco siempre lo reconocemos después, porque lo justificamos, o lo vemos normal, o estamos engañados por el maligno y creemos que está bien. El pecado nos hace mucho daño. Como los países modernos tienen un Sistema de Alerta Temprana de radar para detectar misiles cuanto antes y así evitar una tremenda destrucción, nosotros necesitamos algo parecido para alertarnos de las trampas de nuestro enemigo espiritual. Este es el Espíritu Santo. Es imprescindible que mantengamos una conexión vital con Él para no caer en el pecado. Necesitamos una conciencia sensible cuando hemos pecado para arrepentirnos cuanto antes y restaurar la comunión con el Señor. Este himno trata estos temas:
Quiero un principio interior de temor vigilante y piadoso,
una sensibilidad al pecado, el dolor para sentirlo cerca.
Quiero poder sentir el primer acercamiento del orgullo o del deseo equivocado,
para captar la desidia de mi voluntad y apagar la llama encendida.
Para que no me aleje más de Ti, para que tu bondad no me aflija más,
concédeme el respeto filial, te ruego, y dame una conciencia tierna.
Rápido como el abrir y cerrar de un ojo, oh Dios, haz mi conciencia,
despierta mi alma cuando el pecado está cerca, y mantenla siempre despierta.
Dios Todopoderoso de verdad y amor, imparte tu poder;
quita la obstinación de mi alma, la dureza de mi corazón.
Oh, que el más mínimo pecado de omisión duela a mi alma reanimada
y me conduzca de nuevo a esa sangre que sana a los heridos.
Charles Wesley 1707-88
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.