LA SALVACIÓN

“Además declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual, asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15:1, 2).
 
Lectura: 1 Cor. 15:1-8.
 
“Si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos”. Estas palabras tienen que extrañar a algunos lectores. ¿No es segura ya nuestra salvación? ¿Una vez que creemos, no somos salvos para siempre? Claro, pero ¿cómo sabemos si realmente hemos creído? Dios lo sabe, pero nosotros, no. Por eso, después de profesar fe en el Señor Jesucristo, Dios nos hace pasar por una serie de pruebas para comprobar si nuestra fe es auténtica. En la prueba vemos el estado de nuestra fe. ¿Hemos creído pensando que la salvación era un camino de rosas? Cuando nos damos cuenta de que no, que la vida cristiana es sumamente difícil, ¿vamos a volver atrás? Esta es la pregunta. Si delante de la prueba volvemos atrás, nuestra fe no ha sido viable, sino una emoción, o una persuasión intelectual, o la confianza en una persona humana, o la tradición familiar, o parte de la cultura de nuestro país, pero no una fe inquebrantable en el Señor Jesucristo. Si dejamos a Jesús es evidencia de que no hemos nacido de nuevo por una obra del Espíritu Santo, y que todavía estamos en nuestros pecados.
 
Escribe Becky:
Una historia que ha contado nuestro pastor me viene a la mente: “Alguien preguntó si era salvo. Y la respuesta fue: ¿Qué quieres decir? ¿Si has sido salvo, si estás siendo salvo, o si serás salvo?”. Las tres cosas son ciertas, y aquí tenemos un ejemplo de las tres, pero una en particular: ¿Estoy siendo salvo? El mensaje que hemos recibido está en el proceso de salvarnos. Esto no quita el hecho de que fuimos salvos en un punto en el tiempo, y antes del comienzo del tiempo, y no quita el hecho de que un día seremos salvos. Pero todavía tenemos que asirnos de aquel mensaje, porque si no, no seremos salvos. Y es controversial porque parece que cuestionamos “una vez salvo, siempre salvo”. Esto es cierto, pero tienes que agarrarte a tu fe hasta el final, porque si no, no serás salvo. Hay muchos pasajes de la Biblia que lo dicen. Depende de nosotros asegurar que estamos perseverando, y depende del Señor guardarnos. Lo cierto es que ninguno de los suyos será arrebatado de su mano (Juan 10:29).
 
El próximo punto es: ¿Qué es el Evangelio? Es que somos pecadores, necesitamos salvación, y Cristo murió por nuestros pecados. El punto de partida es reconocer que somos pecadores. Creo que la Iglesia en general ha dejado de hablar del pecado y del arrepentimiento, por lo menos en la parte del mundo donde vivo yo. Esquiva el tema muchas veces. Juan el Bautista fue enviado para preparar el camino de Cristo, y él predicó el bautismo del arrepentimiento. Esto es lo que nosotros tenemos que hacer, predicar el evangelio del arrepentimiento. Para arrepentirnos hemos de reconocer el pecado.
 
La evidencia que apoya el evangelio es la resurrección de Cristo. En este pasaje Pablo menciona a los testigos de la resurrección que estaban todavía vivos cuando él escribió. Invita a sus lectores a hablar con uno de ellos si tienen dudas. Dice que Jesús se le apareció a él, pero también a muchos otros que pueden ser consultados. Nosotros podemos decir lo mismo, que Jesús también se ha revelado a nosotros, que hemos tenido muchas experiencias personales con Él. Testificamos de lo que hemos visto que también es evidencia de la resurrección, que Cristo está vivo, y que lo sabemos por experiencia propia.  

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