CRISTO EN VOSOTROS[1]

“Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27).

Lectura: Col. 1:24-29.

La pregunta es: ¿Qué significa la frase: “Cristo en vosotros”? R. M. McCheyne, un famoso pastor del siglo XIX ofrece dos maneras de entenderlo, las dos correctas. La primera es que “Cristo en vosotros” significa que Cristo es recibido por la fe como nuestra justicia y fortaleza. Parece que se usa en este sentido: “que Cristo habite en vuestros corazones por la fe” (Ef. 3:17). Este es el firme fundamento sobre el cual esperamos la gloria. Entonces la persona se acerca a Cristo con cada necesidad, tentación, caída en pecado, aflicción y pena y se va afirmando en Él para ir madurando en la fe. En el día del juicio Cristo la defenderá. Él, y solo Él es nuestra esperanza de gloria. Fuera de Él no hay esperanza de gloria.  

La segunda manera de entender “Cristo en vosotros” es que Cristo va formándose en el alma por el Espíritu Santo: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gal. 4:19). Esto también es nuestra esperanza de gloria y evidencia de lo que esperamos. Al entenderlo así:

  • La mente de Cristo es formada en nosotros: “Nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Cor. 2:16). Llegamos a pensar como Él. Tenemos la misma actitud hacia el pecado que tuvo Jesús. Vemos el evangelio como lo ve Cristo: como el brillante plan de Dios para la salvación, restauración y futuro del hombre. Vemos el mundo como lo ve Cristo, como la competencia y la alternativa inoperativa al reino de Dios. No nos ofrece nada y no deseamos nada del mundo. No nos atrae. Nuestra actitud en cuanto al tiempo llega a ser igual que la de Cristo. Queremos emplearlo para hacer la voluntad de Dios y completar su obra. Vemos la eternidad como la veía Jesús: deseamos su retorno y el estar con Él con todos aquellos a los que amamos en la casa del Padre como la culminación de todos nuestros deseos y esperanzas.   
  • El corazón de Cristo es formado en nosotros. Amamos lo que Él ama y odiamos lo que Él odia. Sentimos su amor hacia el Padre y hacia los hermanos y hacia los perdidos. Tememos lo que Él teme. Tememos a Dios y tememos desagradarlo.
  • La vida de Cristo es formada en nuestra vida. Vivimos como Él vivía. Su vida es nuestro ejemplo y nuestra meta. Soportamos burlas y desprecio como los soportó Él, andamos haciendo bien a los demás en la medida que podemos como lo hacía Él, y nos apartamos de la gente malvada como lo hacía Él, en el sentido de no identificarnos con ellos en lo que hacen, y en no ir a los lugares que ellos frecuentan.

Reflexión:
Nosotros somos salvos y vamos a la gloria porque Cristo ha conseguido nuestro perdón y Él es nuestra justicia. Ahora, ¿Cristo habita por la fe en nuestros corazones? ¿Estamos capacitados para la gloria? ¿Ha sido Cristo formado en nosotros? ¿Vamos pareciéndonos a Él?

[1] Meditación basada en Mensajes bíblicos, de Robert McCheyne, pág. 169.

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