EL ESPÍRITU Y LA PALABRA

“La espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef. 6:17).
“Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios” (2 Cor. 10:4).
 
Lectura: Salmo 19:7-10.
 
Lo de Dios que tenemos en este mundo son dos cosas: su Espíritu y su Palabra. Las dos cosas guardan, acompañan y dirigen al creyente en su peregrinaje a la Casa Celestial. ¡Qué maravilla que Dios nos haya dado su Palabra! Verdaderamente es lámpara a nuestros pies en la oscuridad que nos rodea. ¿Cómo podríamos mantenernos en el Camino sin ella? Y la Palabra es la voz del Espíritu. Los dos siempre trabajan en conjunto. El Espíritu nos habla por medio de la Palabra, y la Palabra es la voz del Espíritu de Dios. Las Escrituras nos han venido por “santos hombres de Dios (que) hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).  Podemos cantar con los creyentes de generaciones pasadas:
 
Santa Biblia para mí, eres un tesoro aquí:
Tú contienes con verdad la divina voluntad;
Tú me dices lo que soy, de quién vine y a quién voy.
 
Tú reprendes mi dudar; tú me exhortas sin cesar;
Eres faro que a mí pie vas guiando por la fe
A las fuentes del amor del bendito Salvador.
 
Eres infalible voz del Espíritu de Dios,
Que vigor al alma da cuando en aflicción está;
Tú me enseñas a triunfar de la muerte y del pecar.
 
Por tu santa letra sé que con Cristo reinaré;
Yo que tan indigno soy, por tu luz al cielo voy;
¡Santa Biblia!, para mí eres un tesoro aquí.
 
            El Espíritu Santo tiene una función vital en la vida del creyente. Él es “Dios con nosotros”, igual que lo era Jesús en los días de su carne. Hace todo lo que el Señor Jesús prometió que haría: Juan 14, 16. El Espíritu es el que acompaña la Iglesia. La está guardando para la venida del Señor Jesús, y clama juntamente con ella que venga pronto: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven” (Ap. 22:20, 17). El Espíritu ama apasionadamente al Señor Jesús y anhela su venida para que la Esposa del Cordero esté de una vez y para siempre con el amado Novio. El Señor Jesús desea venir. Lo único que le retiene es su amor para los que aún han de ser salvos. Y nosotros deseamos que venga, más que ninguna otra cosa, porque le amamos, porque el Espíritu ha puesto un amor inexplicable en nuestros corazones para una Persona que nunca hemos visto. La Palabra y el Espíritu; los dos son eternos, y los dos guiarán nuestros pasos a los brazos de nuestro Padre celestial quien nos está esperando en el lugar que el Señor Jesús ha preparado para nosotros.

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