LA FE HABLANDO (2)

“Por la fe” (Heb. 11:7).
 
Lectura: Heb. 11:20-29.
 
Jeremías. Hay un detalle de la vida de Jeremías que ofrece un punto de apoyo para nuestra fe: él salió del pozo. Sus enemigos lo metieron en la cisterna de la cárcel para que muriese de hambre a solas en la oscuridad: “Y en la cisterna no había agua, sino cieno, y se hundió Jeremías en el cieno” (Jer. 38:6).  Él seguramente pensó que su fin había llegado. Pero un extranjero tuvo compasión de él, habló con el rey, y consiguió que lo sacasen de allí. Puede ser que tú te encuentres hundido en un pozo oscuro pensando que nunca vas a salir, pero Dios lo sacó a él y puede hacer lo mismo contigo para que tú cantes: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios; verán esto muchos, y temerán y confiarán en Jehová” (Salmo 40:1-3).
 
Elías. Cuando el profeta Elías mató a los 450 profetas de Baal la reina Jezabel lo buscó para matarlo y el profeta entró en depresión, “y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come” (1 Reyes 9:5). Cuando las circunstancias son tétricas y la fe falla, nos sentimos solos y no tenemos esperanza, podemos deslizar a una depresión y desear la muerte, pero Dios tiene otros planes para nosotros y nos levanta. Aquí dio comida y descanso a su siervo. Luego Dios lo buscó en la cueva donde se había escondido y lo llamó y le habló con un silbo apacible y delicado. Le anunció la llegada de un nuevo rey, que no tendría a Jezabel por esposa, y un compañero en el ministerio para que no estuviera solo. Cuando estamos emocionalmente agotadas, el Señor interviene en nuestra vida de forma muy personal y nos proporciona lo que necesitamos para salir de la depresión y seguir adelante. Por la fe sabemos que el mismo Dios hablará a nuestro corazón y nos levantará con nuevos motivos para vivir. 
 
Pablo.  Pablo había llegado a la hora de su muerte. Estaba en la cárcel en Roma, listo para ser sacrificado; el tiempo de su partida estaba cercano. Las circunstancias eran malas: los falsos maestros habían entrado en las iglesias que él había fundado, y otras estaban en peligro; Demas lo había desamparado, y le esperaba un juicio injusto y la muerte, pero él estaba lleno de fe, esperando la corona que el Juez justo le daría en aquel día. Y nosotras esperamos lo mismo, un futuro brillante con el que ama nuestra alma en aquel paraíso eterno donde ya no habrá sombras, en la gloria de la belleza de nuestro Redentor. Amén. 

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