“Por la fe” (Heb. 11:7).
Lectura: Heb. 11:8-14.
En el reino de Dios, al cual pertenecemos, las cosas funcionan por medio de la fe. Conseguimos la salvación por medio de la fe. Vivimos cada día por la misma fe. Cuando pecamos recibimos el perdón de nuestros pecados por medio de la fe. Nuestros problemas se solucionan por medio de la fe. Las relaciones se sanan por medio de la fe. Recibimos lo que necesitamos de Dios por medio de la fe. Tenemos paz en nuestros corazones por medio de la fe. Conseguimos las respuestas a nuestras oraciones por medio de la fe. Vivimos por las promesas de Dios por medio de la fe. Vemos al Señor al otro lado de las nubes negras que nos envuelven por medio de la fe. Creemos que Dios está obrando todo para nuestro bien por medio de la fe. Cuando no sentimos nada y parece que Dios esté muy lejos, sabemos que está a nuestro lado por medio de la fe. Prevemos el final de nuestras pruebas por medio de la fe. Creemos que veremos al Señor descendiendo con las nubes para llevarnos a la Casa del Padre por medio de la fe. Tenemos la esperanza de estar con el Señor por toda la eternidad por medio de la fe.
Conseguimos todas nuestras victorias por medio de la fe. La Biblia está llena de historias que alimentan nuestra fe. Nos identificamos con los personajes que salen en ellas y creemos que Dios hará por nosotros lo que hizo por ellos. Vamos a mirar algunos que estimulan nuestra fe:
Job. Cuando estamos sufriendo, la experiencia de Job viene a nuestra mente. Lo que nos da esperanza cuando pensamos que el sufrimiento será vitalicio es la pequeña frase que encontramos al final del libro que dice: “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero” (Job 42:12), y pensamos que esto puede ser verdad de mí también, pues, Job no murió de angustia, porque Dios quitó la aflicción de Job (Job 42:10). Dios tiene el poder para hacer lo mismo conmigo, de un día para otro. Y puedo vivir para ver días de luz y alegría con tanta consolación que la pena anterior se olvide en la felicidad presente de una relación mucho más profunda con Dios debido a lo que hizo en mí por medio de lo que sufrí. Y llegaré a darle las gracias por aquello y comprender su sabiduría al permitirlo.
Rut. Es un libro mucho más corto que el libro de Job, pero también lleno de esperanza. La primera vista que tenemos de Noemí es cuando sale de su tierra con su marido y sus dos hijos en busca de una vida mejor en la tierra de Moab, solo para ser decepcionada. Muere su marido y sus dos hijos dejándola destituida de toda provisión, amargada y desesperanzada. ¡Cuántas mujeres mayores no se han encontrado en la misma situación preguntándose quiénes las van a cuidar en su vejez! El futuro se ve desalentador. Pero en este pequeño libro vemos que cuando tomamos pasos hacia Dios para deshacer las malas decisiones de otros que nos dejaron en la estacada, Dios se mueve a nuestro favor para darnos una esperanza y un futuro, proveyendo el amparo y el amor de la familia, la restauración de nuestra alma y el sostenimiento de nuestra vejez (Rut 4:15). Solo al llegar al Cielo comprendería Noemí toda la grandeza de la bendición con la que Dios la había bendecido.
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