EL RICO Y LÁZARO

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico” (Lucas 16:19-21).
 
Lectura: Lucas 16:22-31.
 
            Pues, los dos murieron y uno fue al Cielo y el otro fue al Infierno. Esta historia investiga el porqué de los dos porvenires.
 
¿Por qué se condenó el rico?, y ¿por qué se salvó el pobre? La Biblia no dice que esta es una parábola, pues, no hay nada que simbolice a nada. Las cosas mencionadas ya son las últimas realidades. El rico no se condenó por ser rico. El dinero en sí no condena, sino el amor al dinero, o sea, el no usar el dinero de manera que agrade a Dios. Un pobre también puede caer en lo mismo. El rico se condenó por no poner en práctica las Escrituras que seguramente conocía. Éstas enseñan amor al prójimo (Lev. 19:18), atención a los pobres, generosidad y compasión. El hombre habría conocido muy bien la enseñanza de la ley, pero no se movió para ponerla en práctica.
 
            En el Infierno deseó que Lázaro pasase a su lado para aliviar su dolor, pero había un abismo entre los dos y no era posible pasar de un lado al otro. El estado en que nos encontramos cuando morimos es permanente. El hombre se preocupó por sus hermanos, quería que alguien viniese de la muerte para avisarlos, pero Abraham le dijo que no era necesario porque tenían las Escrituras, y seguramente las conocían ya. El hombre rico insistía en que no eran suficientes, que necesitaban la aparición de uno venido de la muerte para que creyesen, pero Abraham le contesto: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, aunque alguno se levantare de los muertos” (16:31). El rico sabía que el conocimiento de las Escrituras no salvaría a sus hermanos, porque no lo había salvado a él. Él bien sabía y creía lo que decían las Escrituras, su fallo consistía en no ponerlo en práctica, lo mismo que sus hermanos.
 
            Y, en cuanto a Lázaro, ¿por qué se salvó? No por ser pobre, sino por haber mantenido su fe a pesar de su pobreza y su enfermedad. La salvación siempre ha sido por medio de la fe. Su fe habría sido severamente puesta a prueba por la vida que le había tocado vivir. No terminó maldiciendo a Dios por su suerte, sino que continuó creyendo, aun en circunstancias tan difíciles. Estas personas pobres proveen la oportunidad a otros a atenderlos y desarrollar la compasión y la misericordia. Es un papel que a nadie le gustaría tener, pero que a algunos les toca desempeñar. Por medio de su sufrimiento desarrollan la paciencia, la perseverancia, la esperanza y la humildad. Su papel es mucho más difícil que el papel de los que los atienden. Éstos reciben reconocimiento humano, pero aquellos solo lástima de parte de los demás.
 
            El sufrimiento es un gran misterio. No sabemos por qué algunos lo tienen tan fácil y otros tan difícil. Abraham dijo al respecto “Hijo acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males”, pero no explica por qué. Lo único que sabemos es que las aflicciones han venido a nuestra vida para probar nuestra fe, o desarrollar nuestra compasión. Servirán de evidencia de la realidad de nuestra relación con Dios, relación que determinará dónde pasaremos la eternidad.      

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