“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos, el temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal” (Salmo 19:7-10).
Lectura: Salmo 19:1-6.
Es asombroso lo acertado que es este salmo. Y la cosa más sorprendente es el espíritu que lo envuelve. Está escrito con un espíritu de gratitud al Señor. En contraste, nosotros tendemos a pensar en la ley como un gran conjunto de normas rígidas, un tanto aburrido en el mejor de los casos, y, en el peor, un aguafiestas. Este salmo nos está diciendo todo lo contrario, que la ley no mata nuestro gozo, sino que ¡nos da gozo! El hecho es que hemos sido engañados para pensar en la ley como una pesada carga, una obligación difícil de cumplir, con muchos mandamientos que nos complican la vida, y que sería mucho mejor si no la tuviésemos. Pensamos: “Menos mal que vino el Señor Jesús y lo cumplió todo por nosotros”. Lo último es cierto, pero lo decimos con alivio, con la actitud de: “¡Me alegro de que todo esto ya se haya acabado!”. Pero el Señor Jesús dijo que no se ha acabado, que no vino para abolir la ley, sino para cumplirla. Aquí el salmista nos está diciendo más bien que la ley es refrescante, digna de confianza, que nos hace sabios. Tiene razón, da gozo a nuestro corazón. Y pensamos: “¿Qué? ¿Gozo, la ley? ¿Cómo puede la ley dar gozo?” “Alumbra los ojos”. ¿Qué? ¿Los mandamientos son radiantes? ¿Alumbran? ¿El temor de Dios es puro? El miedo es malo, ¿no? Concebimos el miedo como algo malo, pero en las Escrituras no lo es. Es algo bueno. Nos protege de lo malo. Es de más valor que el oro. Es más dulce que la miel. La miel en aquellos días era como el chocolate para nosotros hoy día. “¿Qué? ¿Mejor que el chocolate?” “En guardarlos hay gran galardón?” ¿Qué dices? ¿Galardón?
El espíritu en el cual está escrito este salmo es positivo. No debemos creer la idea de que la ley es una aguafiestas. No lo es. No mata nuestro gozo. Al contrario, lo fomenta. ¡Romper la ley es lo que mata nuestro gozo! Romper la ley quita nuestra comunión con Dios, quita nuestra paz, apaga nuestra luz: nos ciega a nuestro egoísmo; nos hace pensar que somos mejores de lo que realmente somos, que el resto del mundo está en contra nuestro. ¡Romper la ley es el aguafiestas, mientras guardarla es una bendición! Nos conduce a una vida sensata y provechosa.
Así que, gracias, Señor por tu ley. Pido que quites la venda de nuestros ojos, las mentiras y el engaño que el enemigo ha puesto en nuestra sociedad y en nuestras iglesias y en nosotros mismos que nos hacen pensar que la ley es algo imposible de alcanzar, que roba nuestro gozo. Señor, te pido en el nombre de Jesús que quites todo engaño y que podamos ver la ley por lo que es: algo que nos da gozo y paz, que restaura la comunión contigo, que protege nuestras familias. Señor, pido que tu ley nos proteja de maldiciones generacionales, de seguir en los pecados de nuestros padres y abuelos para nuestra ruina. Pedimos que la ley proteja a nuestros hijos, y a sus hijos y nietos para no seguir en sus propios caminos insensatos y egoístas, que aprendamos el temor del Señor y el amor a su ley. Y gracias por Jesús que vino para cumplir la ley por nosotros, porque éramos impotentes para hacerlo. Haz que nos demos cuenta de que en cumplir la ley hay grande galardón. En el nombre de Jesús, Amén.
[1] Escrito por Becky Cretney
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