CÓMO JESÚS NO REACCIONÓ (1)

  

“Mirad por vosotros mismos. Si un hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (Lucas 17:3, 4).
 
Lectura: Lucas 17:1-5.
 
            Vamos a mirar la trayectoria de la relación de Pedro con el Señor Jesús para ver cómo Jesús puso en práctica su propia enseñanza. Empezamos con el momento en que Pedro comprendió quién era Jesús y la reacción de Pedro cuando supo lo que Jesús pretendía hacer: “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mat. 16:16). “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer… y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándole aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mat. 16:21, 22). Pedro no apoyó el plan de redención de Jesús desde que supo cómo Jesús lo iba a realizar.
 
Cuando la hora se iba acercando Jesús anunció que uno de ellos lo iba a entregar y que Pedro lo iba a negar: “Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré” (Mat. 26:33-35). Otra vez Pedro no aceptó lo que Jesús le dijo. Se rebotó y se defendió insistiendo que sabe más que Jesús. Cuando Jesús los lleva a Getsemaní para orar, Jesús oró, pero los discípulos durmieron: “y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?” (Mat. 26:40). Cuando llegó la turba para prender a Jesús, Pedro quiso defenderlo para no permitir que el plan de Jesús siguiese su curso: “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha… Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11). Pedro todavía está resistiendo el plan de Jesús y el Señor lo reprende.
 
Pedro sigue con su idea de defender a Jesús. Cuando es arrestado lo sigue al patio del sumo sacerdote donde le viene la tentación que Jesús le había profetizado, y Pedro, no estando preparado, cae: “Negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo” (Jn. 18:27). “Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante me negarás tres veces. Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente” (Lucas 22:61, 62). Pedro se derrumbó. Toda su prepotencia colapsó. Había resistido la dirección del Señor vez tras vez hasta que finalmente, cuando el plan de Pedro falló y el plan de Jesús prosperó, Pedro tuvo que reconocer su tozudez y obstinación, su orgullo y autodependencia, y se derritió delante de Dios en lágrimas amargas, porque ahora Jesús iba a morir y Pedro no estaba preparado para afrontarlo.
 
¿Cómo reaccionaría Jesús al volver a encontrarse con Pedro?      

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