CÓMO JESÚS NO REACCIONÓ (2)

  

“Mirad por vosotros mismos. Si un hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (Lucas 17:3, 4).
 
Lectura: Lucas 17:1-5.
 
            Dejamos a Pedro postrado en amargo arrepentimiento delante de su fracaso, del panorama resultante de haberse resistido a la voluntad de Dios por su tozudez. Es muy duro enfrentarse a uno mismo. Se puede entrar en un endurecimiento de corazón, o una desesperación total. ¿Qué hizo Pedro? Podría haber abandonado al grupo de discípulos, pero permaneció con ellos. Cuando María Magdalena, tres días después descubrió que la tumba de Jesús estaba vacía, “entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto”. Salieron Pedro y Juan corriendo al sepulcro y encontraron que lo que había dicho María era cierto, que la tumba estaba vacía, pero aun con esto, Pedro no creyó lo que Jesús había profetizado, “porque aún no habían entendido la Escritura que era necesario que él resucitase de los muertos” (Juan 20:9). Un poco más tarde, un ángel se apareció a las mujeres junto a la tumba anunciando la resurrección de Jesús: “Id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; y allí le veréis como os dijo” (Marcos 16:7). La especial mención de Pedro nos dice algo de cómo estaba este discípulo.
 
            Después de esto, Pedro, ahora sabiendo que Jesús estaba vivo, no comprendió lo que esto tenía que ver con él; su negación lo había separado de él. ¿No había quedado descalificado? Así que decidió volver a su vieja vida, a pescar: Estaban con él varios discípulos y les anunció: “Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada” (Juan 21:3). Volver a la vieja vida no le funcionó. Hizo falta una reconciliación personal con Jesús. ¿Se daría lugar, o Jesús ya había terminado con él?
 
            Entonces Jesús repitió el milagro de la pesca milagrosa (Lu. 5:4-8) y después tuvo una conversación con Pedro aparte para volver a llamarlo. Es aleccionador ver lo que Jesús no dijo, cosas que muchos de nosotros diríamos si nos encontrásemos en el mismo caso. No dijo: “Pedro, me has decepcionado. Yo había confiado en ti. He pasado tres años contigo, formándote, y tuve grandes planes para ti, pero ya no. No puedo contar contigo. Queda claro que no puedo confiar en ti. Me has clavado un cuchillo en el corazón. Cuando más falta tuve de ti, me fallaste. Eres un orgulloso acabado, mentiroso, cobarde y falso amigo. Te perdono, claro, pero ya no puedes formar parte del equipo. Pues, que te vaya bien”. Esto es lo que Jesús no dijo. ¿Se lo habrías dicho tú?
 
El Señor había visto el corazón roto de Pedro y sabía que su arrepentimiento era genuino. No tuvo que decirle que se arrepintiese. Lo que tuvo que hacer fue remontarlo, restituirlo, reafirmar su compromiso con Él. Le preguntó, no si sentía lo que había hecho, sino si lo amaba. Lo que más le interesaba a Jesús era esto. No quería castigar a Pedro, quería que Pedro lo amase. Una vez averiguado esto, le encomendó el cuidado de sus ovejas. Jesús mostró su confianza en Pedro entregándole el cuidado de lo que más amaba en este mundo: el fruto de su padecimiento en la cruz. La relación se había restaurado.

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