REDARGUYE, REPRENDE, EXHORTA

  

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:1, 2).
 
Lectura: 2 Tim. 4:3-5.
 
            “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16, 17). Redargüir, corregir e instruir en justicia es lo que algunos rechazan para su destrucción. Muchos solo quieren oír palabras de alabanza, afirmación y ánimo, pero todos necesitamos mentores que nos corrijan. Mi marido tiene muchos hombres jóvenes que lo consultan y aprenden de él. Requiere gran humildad para recibir corrección, y aún más para recibir reprimenda, pero es necesario si queremos estar preparados para toda buena obra.  
 
Mi hermana, profesora universitaria de magisterio, comentando este texto, escribe: “Yo siempre he encontrado que hablar la verdad con amor trae los mejores resultados. Como profesora, hubo varias veces que tuve que corregir a algunos estudiantes, especialmente a aprendices que estaban cometiendo fallos importantes. Algunas veces fue por decisiones morales que habían tomado, y otras veces fue debido a deficiencias en su estilo de enseñar, o en sus hábitos personales. Cuando tuve que corregir, siempre me acercaba a la conversación con un espíritu de amor para que estos estudiantes supiesen que sinceramente deseaba lo mejor para ellos. Yo he sido corregida muchas veces en mi vida, y las veces que la corrección fue mejor recibida han sido cuando sabía que la persona realmente me quería, que no estaba señalándome, o intentando cambiarme con una actitud de reprimenda. Si alguien nos trata con consideración y simpatía, y se toma el tiempo para explicarnos nuestro fallo, lo recibimos mejor, y no nos ponemos a la defensiva.
 
Una vez tuve que sacar a una chica del programa de magisterio debido a sus malas decisiones. La abracé y llorábamos las dos porque ella realmente me importaba. Éramos conscientes de que esto significaba el fin de su carrera como maestra. Por sus equivocaciones no iba a calificar como maestra. Años más tarde me encontré con ella cuando se estaba sacando la licenciatura en otra carrera y me abrazó. Lo celebré con ella y estaba contenta de ver que no guardaba resentimiento contra mí, o deseaba mi mal. Tratar a los estudiantes con firmeza, pero también con amor, es una lección vital que nos beneficia en nuestro trato con todos. Cuando corregimos a alguien debemos hacerlo con simpatía y con un espíritu de bondad y amor.
 
Sí, la Escritura se usa para instruirnos. Es el manual de cómo debemos vivir. Estos versículos son muy valiosos. A lo largo de los siglos han mostrado ser acertados. Hemos de respetarlas e intentar vivir de acuerdo con ellas. Cumplamos los Diez Mandamientos con la ayuda del Espíritu Santo, con simpatía y amor hacia los demás. Pidamos que Dios cree en nosotros un espíritu comprensivo y tierno hacia otros, incluyendo a aquellos con quienes no estamos de acuerdo”. Amén.  

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