“El siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Timoteo 2:24-26).
Lectura: 2 Tim.2:22-26.
Este pasaje es muy interesante con referencia a nuestra evangelización y, por extensión, al orden que debe prevalecer en nuestras iglesias. Vamos por partes.
Timoteo tenía dones evangelísticos. Pablo ya lo había amonestado a sufrir por el evangelio, si hacía falta: “Participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios” (2 Tim. 1:8). Concluye el tema diciendo: “Haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (4:5). En este pasaje el apóstol explica cómo tiene que ser nuestra forma de evangelizar: No intentamos obligar a la gente a creer. No nos ponemos pesados con los que no quieren escuchar. Hemos de ser amables siempre, pacientes con los inconversos, buenos maestros, y humildes: “que con mansedumbre corrija a los que se oponen”. Tratamos bien a los que se oponen al mensaje del evangelio con la esperanza de que Dios abra sus mentes a la verdad y los convenza de pecado para que se arrepientan y sean librados del diablo que los tiene cautivos para hacer su voluntad. Es muy fuerte lo que dice el apóstol. Los que resisten al mensaje del evangelio han sido atrapados por el diablo. Solo una obra de Dios puede librarlos. Nosotros somos impotentes para hacerlo. Necesitamos que Dios les dé el don del arrepentimiento. Sin que Dios les dé el entendimiento de su propio pecado y los visite con la convicción del mismo, no hay nada que hacer. Esta es nuestra esperanza al orar por ellos, que Dios haga lo que nosotros no podemos hacer. La parte nuestra es la de ser amables, pacientes y humildes para no ofenderlos y ser piedra de tropiezo para ellos, sino todo lo contrario, que seamos hermosos para atraerlos al Señor Jesús.
Por extensión podemos aplicar este pasaje a los siervos de Dios en la iglesia. Allí también van a tener que tratar con los que se oponen. Lo mismo tiene que ser verdad de un líder en la iglesia que es cierto de un evangelista en la calle: “El siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar y sufrido”, porque ¡el género humano es muy complicado a veces! Habrá los que se opongan al liderazgo del pastor y creen divisiones. A éstos los debe corregir con mansedumbre “por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, para escaparse del lazo del diablo”, pues están siendo influenciados por el diablo para hacer su voluntad sin darse cuenta. El diablo también está activo en la Iglesia. Se vale de personas que se oponen a la sana doctrina y quieren discutir para llevar a otros a sus ideas. Resistimos a esta clase de personas con gentileza y esperanza en Dios, que Él los lleve a ver cómo son y se arrepientan y escapen del destrozo que el diablo pretende hacer en sus vidas, y del daño que pueden causar en la iglesia. Es la persona humilde la que vence, y lo hace no en su prepotencia y fuerza de carácter, sino en su humildad y total dependencia de la obra de gracia que Dios puede hacer en la persona que se opone. Es hermoso cuando Dios toma a una persona como Pablo en su oposición al evangelio y la hace un humilde siervo de los demás por amor a Cristo.
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