OJOS Y MENTE ABIERTOS

  

“Mas los ojos de ellos estaban velados” (Lucas 24:16). “Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron” (Lucas 24:31).
“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lucas 24:45).
 
Lectura: Lucas 24:13-21.
 
            Nos extraña que los discípulos de Emaús, como se suelen llamar, estuvieron caminando 11 km. con Jesús y no lo reconocieran. ¿Cómo se explica? Estaban consternados por los eventos que habían vivido los tres pasados días y no pensaban en otra cosa. Cuando Jesús salió a su encuentro y empezó a caminar con ellos, no lo reconocieron. ¿Qué les pasaba? La Escritura dice: “Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen” (24:16). ¿Fue Dios el que veló sus ojos, o su ceguera se debía a algo en ellos? Cuando Jesús intervino en la conversación, les dijo: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!” (24:25). Si hubiesen creído a los profetas, ¡habrían estado esperando la resurrección! Estarían pensando: “Han pasado tres días, ¡ya lo veremos pronto!”, pero no estaban en este punto.
 
Hay dos operaciones que tuvieron que tomar lugar para que los discípulos pudiesen reconocer a Jesús y comprender las Escrituras: tener los ojos abiertos y la mente despejada, y esto es lo que pasó: “Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron” (24:31), y, “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (24:45). Antes ni lo reconocieron a Él, ni comprendían las Escrituras. Necesitaban comprender quién es Jesús y lo que vino a hacer.
 
Abrir la mente:
Jesús les dio una clase magistral acerca de lo que dice el Antiguo Testamento de Él, pero no entendieron nada hasta que Dios no les abrió el entendimiento. Necesitaban saber que era “necesario” que el Cristo padeciera antes de entrar en su gloria. El Cristo tuvo que redimir a su pueblo para salvarlo; tuvo que morir para luego ser glorificado. Vino para salvarnos por su muerte en la cruz antes de entrar en su reino eterno. Un pueblo no redimido no estaba en condiciones de entrar en un reino libre de pecado.
 
Abrir los ojos:
             Cuando Jesús hizo un gesto que le habían visto hacer antes: “tomó el pan y los bendijo, lo partió, y les dio”, los ojos les fueron abiertos y lo reconocieron. Tal vez vieron sus manos. No lo sabemos. Lo que sabemos es que Dios les abrió los ojos.
 
Para saber quién es Jesús y entender lo que vino a hacer, necesitamos las mismas dos operaciones, que Dios nos abra la mente y los ojos. Si comprendemos las Escrituras, pero no tenemos una visión clara de Jesús, somos legalistas. Si solo vemos a Jesús, sin entender las Escrituras, no entendemos quien es; somos como los “Testigos de Jehová”. Ver a Jesús correctamente es ver su gloria, su majestad, su poder y su divinidad. Entender las Escrituras es entender el programa de Dios de centrar el universo en Cristo. Es la unificación en Él de todo cuanto existe. El conjunto es magnífico: Jesús y la Escrituras, las dos revelaciones abiertas a nosotros. Esta es la salvación.   

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