NADA PUEDE FRENAR EL EVANGELIO

  

“Sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Timoteo 2:9, 10).
 
Lectura: 2 Tim. 2:1-10.
 
            Pablo escribe a Timoteo, su hijo en la fe, desde la cárcel, encadenado a causa del evangelio, y le dice: “Sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa”. Esta frase que añade, “pero el evangelio no está encadenado”, es uno de los ejemplos más poderosos del pensamiento positivo que se puede encontrar. Nos muestra cómo funcionaba la mente de Pablo. En lugar de quejarse por la injusticia de su condena, le asegura a su hijo y discípulo que él mismo está bien, que él, Timoteo, no se preocupe, porque lo importante es que el evangelio no está encadenado. En lugar de estar pensando en todas las cosas que no puede hacer y en todos los lugares donde le gustaría ir, pero no puede porque está encadenado en condiciones infrahumanas, el apóstol mira a lo positivo. No dice: “¡Qué vida más horrible es esta! ¿Por qué me ha abandonado Dios? Nadie me quiere. Estoy aquí solito”; lo que dice es: “Bien, me pueden encadenar a mí, pero no pueden encadenar al evangelio”. Esta es la victoria. Está diciendo: “Nada puede parar a Dios. ¡Nada! Sus propósitos siempre se cumplirán”. No importa lo que nos pase a nosotros, no importa dónde estemos, no importa cuán injusto sea todo, o lo que pase en nuestra vida, o lo que pase en nuestra iglesia o en nuestra familia, lo importante es que Dios está con nosotros y no hay nada que lo pueda frenar. El Evangelio prosperará y la Iglesia de Cristo se edificará a pasar de todo lo que el enemigo haga.
 
El ejemplo de Pablo ha sido de ánimo para incontables personas que han sufrido terribles injusticias durante 2.000 años de historia. Es verdad lo que Pablo dice: “El Evangelio no está encadenado”, aunque muchos cristianos lo están. Las epístolas de Timoteo han circulado por el mundo entero durante el largo periodo de espera del retorno del Señor Jesús. La historia de la iglesia es la evidencia de que el evangelio no está encadenado, que nada hay que pueda impedir su avance. Los escritos de Pablo a Timoteo y todas las demás Escrituras han llegado a ser el fundamento de la Iglesia. Está respaldado por el poder de Dios que puede cambiar vidas. El evangelio ciertamente no está encadenado hoy. Todo lo que el diablo ha hecho para destruirlo, solo ha servido para su crecimiento.
 
 Yo puedo decir lo mismo que dice Pablo. El evangelio no está encadenado. No importa lo que me pasa a mí, no importa cuán adversas sean mis circunstancias, o lo ocupada que estoy, o las obligaciones que me frustran y no me dejan hacer todas las cosas que me gustaría hacer, da igual, el evangelio todavía saldrá por mi vida, por mis oraciones, por lo que escribo y hago. Esta actitud es la que hemos de tener todos los cristianos: que no importa lo que me pasa a mí, el Evangelio todavía saldrá. Es mirar nuestras circunstancias por este prisma. El propósito de la vida no es mi felicidad, es la prosperidad del evangelio, y esta está prometida por el Señor Jesús: “Edificaré mi iglesia” (Mt. 16:18). Y lo hará. 

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