“Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).
Lectura: Santiago 4: 1-3; 5:15-18.
Estos textos dan mucho en qué pensar. Por un lado, Dios es soberano y hará su perfecta voluntad que fue formulada antes de nacer nosotros, pero, por otro lado, el Señor nos manda orar. ¿Para qué orar si todo ya está decidido? A mí me chocan estas dos ideas bíblicas: Dios es soberano, por un lado, y, por otro, he de orar, pero las he asimilado en mi mente de manera que encajan con lo que las Escrituras enseñan para que me estimulen a pedir cosas que sé que están dentro de su voluntad. Hasta el punto de poder entenderlo, diría que Dios es totalmente soberano, pero que, a la vez, nuestras oraciones son poderosas para moverlo a actuar.
El texto que viene a mi mente es el de Santiago que dice: “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Sant. 4:2). Dios, puede darnos cosas aun si no pedimos, esto es cierto, pero también nos ha dicho que, si no pedimos, no tendremos. Nos ha dicho que debemos pedir, porque nuestras oraciones cuentan: “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). Yo, desde luego, no puedo obligar a Dios a nada. Lo que está claro es que Dios no va a hacer nada que yo pida si no está de acuerdo. Él repasa mis oraciones y elimina las que no convienen y hace prosperar las que están de acuerdo con su voluntad. ¡Nunca hace nada que no quiera solamente porque yo lo haya pedido! Pero no hace otras cosas porque no las he pedido.
Entonces, ¿hay cosas que Dios está dispuesto hacer, pero solo hará si las pedimos? Esto es lo que dice Santiago: “No tenéis, porque no pedís”. Dios quiere que tengamos sabiduría, por ejemplo, pero si no se lo pedimos, no nos la dará: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente…y le será dada. Pero, pida con fe, no dudando nada. Porque el que duda… no piense… que recibirá cosa alguna del Señor” (Sant. 1:5-7). Quien dice sabiduría, también puede decir ánimo, o ayuda, o consuelo o más fe. Dios quiere que tengamos todas estas cosas, pero hace falta que se las pidamos y que pidamos con fe en que Dios nos las quiere dar, y que serán nuestras si las pedimos.
“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:13-16). La oración puede sanar al enfermo y conseguir que Dios perdone sus pecados. También puede hacer que no llueva o traer la lluvia: “Elías… oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió… Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto” (Sant. 5:17, 18). No entendemos exactamente cómo nuestras oraciones inciden en la voluntad de Dios, pero sí que sabemos que funcionan y pueden lograr grandes cosas. Esto nos inspira a llevar una vida justa para que Dios efectúe su voluntad por medio de nosotros.
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.