LA AYUDA SOCIAL EN LA IGLESIA PRIMITIVA (2) 

  

“Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hechos 4:34, 35).
 
¿De dónde venía el dinero que los apóstoles administraban?
Esta es una pregunta muy peliaguda, con muchas implicaciones, pero muy necesaria. Hay tanto que podemos hacer para ayudar a la sociedad en la que vivimos que hemos de tener cuidado de no volcarnos en actividades que resten tiempo de aquello que es primordial y así impedir que llevemos a cabo nuestras cuatro prioridades como iglesia (Hechos 2:42). Lo bueno es siempre el enemigo de lo mejor. Necesitamos tener claro de parte del Señor qué quiere que hagamos. Lo averiguamos estudiando las Escrituras, e indagando en ellas para ver lo que nos enseñan al respecto. El peligro es dedicarnos a lo secundario y descuidar lo principal. Hay mucha gente “buena” en el mundo que puede hacer buenas obras, pero nosotros somos los únicos que podemos predicar el evangelio. Como creyentes individuales, podemos trabajar en la ayuda social al igual que los del mundo y podemos dar un testimonio fabuloso en este ámbito, pero la pregunta que tenemos delante es: Como iglesia del Señor, ¿cuál ha de ser nuestra participación en el programa de ayuda social del ayuntamiento?  ¿Qué lugar tiene la predicación del evangelio en ello? ¿De quién son los bienes que administramos? ¿Qué autoridad /libertad tenemos para utilizar esta obra para nuestros fines evangelísticos? ¿Quién se lleva la “gloria” de esta buena obra, la Cruz Roja o la iglesia?
 
Al contestar a estas preguntas hay mucha divergencia de criterios, pero no por criterios basados en la Biblia, sino por una mentalidad secular. Los bienes que los apóstoles administraban procedían de los creyentes (Hechos 4:35), no del ayuntamiento o de la Cruz Roja, y, por lo tanto, la “gloria” iba para Dios. Si como iglesia colaboramos con la Cruz Roja, la gloria corresponde mayormente a la Cruz Roja, porque ellos han levantado los fondos. Si vamos a seguir el ejemplo de los apóstoles, tenemos que poner nosotros tanto el dinero, como los bienes que administramos. Entonces damos un claro testimonio de nuestra compasión hacia los necesitados y tenemos pleno derecho a testificarles del amor de Dios que nos ha motivado. ¿Es honesto utilizar la Cruz Roja como plataforma para predicar el evangelio? ¿Podemos tener un programa de ayuda social sin predicar el evangelio? Las respuestas a estas peguntas han quedado claras. Tenemos que hacer brillar nuestra luz de tal forma que dé gloria a nuestro Padre que está en los cielos. No podemos esconderla (Mateo 5:14-16).
 
Lo que vemos en el libro de Hechos es que el testimonio hacia los de fuera consistía en la forma en que los primeros cristianos vivían como comunidad y esto incluía cómo administraban sus propios bienes para cuidar a los necesitados entre ellos. “Tenían en común todas las cosas… y el Señor añadía cada día a la iglesia a los que habían de ser salvos” (Hechos 2:44-47).
 
Que el Señor nos ayude a centrarnos en nuestras prioridades y hacer todas nuestras buenas obras bajo su dirección.  

 Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.