EL SIERVO

  

“¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?” (Lucas 17:7).
 
Lectura: Lucas 17:7-10.
 
            Aun para llegar al rango de “siervos inútiles” tenemos que hacer todo lo que el Señor nos ha mandado hacer. Si no, seríamos reprensibles, ni siquiera seríamos siervos. El mínimo es cumplir con la ley, lo requerido. Esto no nos salva, solo significa que hemos cumplido con nuestro deber. No merecemos una recompensa por ello, ni ganamos la aceptación de Dios, ni un lugar a su mesa. No podemos ganar un lugar a la mesa de Dios por nuestra conducta o actuación, porque la salvación es toda de gracia y nada de galardón por haber cumplido con nuestro deber.
 
Becky escribe:
            Creo que las iglesias han decido enfatizar las consecuencias últimas de la gracia de Dios, a saber, el ser hijos de Dios y ser sus amigos, y han olvidado que Jesús no vino para abolir la ley, sino para cumplirla a favor nuestro, y también que seguir a Jesús requiere obediencia, porque somos siervos, y que nos hemos hecho siervos de por vida. El énfasis en la servidumbre está ausente hoy; solo quedan los privilegios de los hijos de Dios. Esta es una comprensión distorsionada del evangelio. Yo nunca lo había considerado antes, pero sabía por instinto que el énfasis actual estaba equivocado. Por ello siempre estaba preocupada por las iglesias que no hablaban de la ira de Dios. Es otro aspecto de lo mismo: enfatizar ciertas características de Dios dejándonos con pocas responsabilidades y todos los privilegios.
 
No sé qué hacer con esta información, solo sé aplicarla a mi propia vida y enseñársela a mis hijos. Cuando Jesús dijo a sus discípulos: “Ya no os llamaré siervos, pero os he llamado amigos” (Jn. 15:14), sus discípulos habían abandonado todo y lo habían estado siguiendo durante tres años. Jesús fue quien los llamó amigos, no eran ellos los que se dieron este honor. Las iglesias han decido enfatizar las últimas consecuencias de la gracia de Dios; estamos reclamando títulos que pertenecen a Pedro, Juan, Andrés y Tomas, los cuales, con la excepción de Juan, sufrieron el martirio por el evangelio. Ellos hicieron actos de fe que nosotros nunca seremos capaces de hacer. Pablo mismo se hizo esclavo por amor a Cristo. Trabajó como fabricante de tiendas para apoyarse económicamente cuando era una persona muy cualificada académicamente; no obstante, decidió mantenerse a sí mismo para que otras personas no lo tuviesen que hacer. En cambio, nosotros nos elevamos al nivel de hijos de Dios, cosa cierta, olvidando que Pablo en realidad se hizo esclavo. ¡Y yo me quejo por mi trabajo! Es increíble lo torcidos que somos.
 
Padre amado, lo siento por mi visión torcida, perdóname por presumir de lo que no soy, y pido que me ayudes a comprenderlo bien, para no elevarme más allá del lugar que me corresponde, el de sierva indigna. Al escribir, comprendo lo cierto que es que soy una sierva inútil, y que no tengo derecho alguno a ocupar un lugar de importancia en tu ejército. Ayúdame a estar agradecida de poder servirte, a no quejarme de las dificultades de la vida, y a cumplir con mis responsabilidades con humildad, tal como me has pedido. En el nombre de Jesús, Amén. 

 Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.