VOZ DE DIOS

  

“Voz de Dios sobre las aguas; truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas.
Voz de Jehová con potencia; voz de Jehová con gloria” (Salmo 29:3, 4).
 
Lectura: Salmo 29:1-11.
 
            La voz de Dios es potente y gloriosa. Es devastadora y sanadora. “Desgaja las encinas” (29:9), y da paz: “Jehová bendecirá a su pueblo con paz” (29:11).
 
            Tenemos que atribuir a Dios tanto la gloria como el poder, las dos cosas: “Dad a Jehová la gloria debida a su nombre” (29:2), y “Jehová dará poder a su pueblo” (29:11). Hemos de “adorar a Jehová en la hermosura de la santidad” (29:2). Esto requiere reconocimiento de cómo es, y recogimiento. Significa centrarnos en la presencia de Dios en quietud, con concentración, escuchándole. Para ello tenemos que estar vivos en cuanto a él. La voz de Dios siempre está hablando, pero no la podemos oír si no estamos escuchando.
 
            La voz de Dios es difícil oír, sobre todo cuando habla por medio de nuestras circunstancias y quiere decirnos algo básico sobre nosotros mismos que no lo queremos escuchar. Tenemos mecanismos de defensa que no permiten que recibamos la información que necesitamos recibir a fin de cambiar algunas cosas muy profundas en nosotros. Lo que nos consuela saber es que la voz de Dios que trae destrucción también trae paz finalmente.  
 
            En cuanto a nuestras relaciones con los demás, algunos usan el método de barrer debajo de la alfombra las cosas del pasado y proceder como si nunca hubiesen ocurrido.  Esta es una solución posible dada a la gente imperfecta que somos, pero no es la mejor solución. La mejor solución es esperar a que Dios lleve a cabo los cambios necesarios en la otra persona que hacen posible la comunicación. A veces no ocurre en esta vida. Pero esto no provoca la desesperación, sino la esperanza, porque en la próxima vida habrá perfecta comunicación.
 
La comunicación entre las personas depende de la comunicación con Dios y el oír su voz. Si la voz de Dios no nos penetra, no recibimos la verdad que necesitamos para cambiar, sino que nos defendemos y juzgamos mal a otros. A veces Dios organiza las circunstancias para que, totalmente fuera de nuestro control, una persona recibe una impresión equivocada de nosotros sin que nosotros tengamos la oportunidad de defendernos. Pero esto pasa. A veces tenemos que esperar hasta que las personas implicadas estén en condiciones de recibir la verdad acerca de sí mismas. Llegamos a donde podemos llegar ahora en la reparación de nuestras relaciones y ponemos toda nuestra confianza en la voz de Dios que llegará a quienes tiene que llegar en el tiempo de Dios y con el poder de Dios necesario para cambiarnos a todos.
 
            La voz de Dios hace temblar el desierto para que fructifique (29:8). “En su tiempo todo proclama su gloria” (29:9).

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