BETSABÉ (5)

  

“Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre” (2 Samuel 12:5-7). 
 
Lectura: 2 Samuel 12:1-14.
 
            Natán le contó a David una historia que daba mucha pena, de un hombre pobre que tenía una ovejita de mascota, que la quería como a una de sus hijas, y otro hombre rico la cogió y la mató para servirla como comida a un invitado que venía de camino. Cuando David escuchó esta historia, su corazón de pastor se encendió de furor y dijo: “Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte. Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre”. Natán entonces le comunicó un mensaje muy duro de parte de Dios. Dios lo había ungido por rey sobre Israel y Judá, lo había librado de la mano de Saúl, le había dado su casa y sus mujeres, y le habría dado mucho más, pero ya no. Dios le pregunta: “¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón. Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer” (12:9, 10).
 
            Dios usa dos expresiones para hablarle de su pecado: “tuviste en poco la palabra de Jehová” “me menospreciaste”. Las dos cosas vienen a ser lo mismo. Tener en poco la Palabra de Dios es menospreciarlo a Él. No podemos amar a Dios y no hacer caso a su Palabra. Imposible. Cuando amamos al Señor, deseamos obedecerlo y complacerlo. Nuestro pecado es aún más grotesco a la luz de todo lo que hemos recibido de su mano. Es gran ingratitud. Es amar nuestra voluntad por encima de la suya. Cuanto más conocemos al Señor, mayor será nuestro pecado si lo desobedecemos.
 
            El castigo del pecado de David es muy grande, porque no ha apreciado las bendiciones de Dios, ni lo ha valorado a Él: “Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol, porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol” (12:11, 12). Dios destruirá a su familia con el adulterio y la fornicación de sus hijos y todo el mundo se enterará de su vergüenza.
 
Al oír esto, entonces David sí se arrepintió: “Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás” (12:13). Si no se hubiese arrepentido, Dios le habría quitado la vida. Este no es “el Dios del Antiguo Testamento”. No ha cambiado. Dice lo mismo en el Nuevo: “El que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (1 Cor. 11:29, 30). Dios sigue castigando con enfermedades y la muerte a sus hijos que tienen en poco su Palabra y lo menosprecian a la luz de su gran amor en Cristo.

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