“¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis; y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis” (Lucas 22:67-68).
Lectura: Lucas 22:66-71.
“¿Eres tú el Cristo?”
Estamos en los múltiples juicios de Jesús. Cuando lo trajeron delante del concilio compuesto por los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, solo tuvieron una pregunta para Él: “¿Eres tú el Cristo?” Ellos constituían el segmento religioso del país. Jesús representaba una amenaza para ellos porque presentó un camino alternativo a Dios, diferente al camino de la ley que ellos enseñaban. Él tenía más autoridad que ellos y pudo hacer milagros que la respaldaban. Y la gente lo seguía. Era Él mucho más popular que ellos. Con razón le temían y querían quitarlo de en medio. Lo que les interesaba saber era si Él pretendía ser el Cristo, el Mesías que Israel llevaba siglos esperando. Por esto su pregunta.
Jesús les contestó con toda claridad: “Desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios” (Lucas 22:69). En el evangelio de Mateo tenemos su respuesta completa: “Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en la nubes del cielo” (Mateo 26:64), una referencia a la profecía de Daniel que ellos entendieron muy bien: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 7:13, 14). Por esto ellos respondieron: “¿Luego tú eres el Hijo de Dios?”. Ellos rechazaron rotundamente su pretensión y lo condenaron a muerte. Pero esta pretensión religiosa no violaba la ley romana, por lo tanto, lo mandaron a Pilato con una acusación política.
“¿Eres tú el Rey de los judíos?”
Los líderes religiosos no tenían autoridad para sentenciar a muerte. Por consiguiente, cambiaron su acusación delante de Pilato por una acusación política que sí llevaba pena de muerte: “Y comenzaron a acusarle, diciendo: a éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey” (Lucas 23:2). Por esto la pregunta de Pilato a Jesús fue: “¿Eres tú el rey de los judíos?” (23:3). Esta es la acusación que se le pegó y lo llevó a la muerte. “Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: Este es el Rey de los judíos” (23:38).
Conclusión:
Sumando las dos acusaciones, Jesús fue rechazado por ser el Hijo de Dios y el Rey de Israel, lo que Él es en su esencia. No fue rechazado y condenado por lo que hizo, sino por lo que es. Fue a Jesús mismo a Quien rechazaron, a su Persona. A los demás condenados, lo condenan por lo que han hecho. A Jesús, no. Es a Él al que no querían. Esto es mucho más fuerte. No querían adorarlo como a su Dios, ni servirle como a su Rey, y por esto lo mataron.
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