COMPRENSIÓN Y REPRENSIÓN

  

“Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?” (Lucas 24:17).
 
Lectura: Lucas 24:13-25.
 
            Hoy nos encontramos en el camino de Emaús. Jesús ha resucitado, pero solo las mujeres del grupo han creído el anuncio de los ángeles. Los dos hombres que van a Emaús están debatiendo sobre el testimonio de las mujeres, “las que antes del día fueron al sepulcro; vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive” (24:22-23).  El mensaje de los ángeles más el recordatorio de la profecía de Jesús es lo que las convencieron. Los ángeles les habían dicho: “Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras” (24:6-8).  Las mujeres habían entendido y creído, pero los hombres, no.
 
            Cuando Jesús se juntó con los dos que iban a Emaús, les hizo la pregunta: “¿por qué estáis tristes?” (24:17). Estaban tristes por su propia culpa, por su incredulidad, pero, por el momento, el Señor les muestra compasión. Así es como nos trata a nosotros. Se acerca a nosotros en nuestra tristeza y nos pregunta qué nos pasa. Muestra simpatía. Le interesa nuestro estado emocional. Nuestra fe, o falta de la misma, influencia nuestro estado anímico. Si estamos viendo todo negro y creemos que de esta no vamos a salir, que las cosas van a ir de mal en peor, no vamos a estar alegres. Si creemos lo que el Señor nos ha dicho ya, nos animamos. Cuando creemos que “hoy es el tercer día” y no ha pasado nada, es cuando nos entra la desesperación. Esto es lo que les pasaba a estos hombres. Recuerda: ¡Dios siempre ha hecho más de lo que nosotros sabemos!
 
            Pues, el Señor les muestra compasión a estos dos hombres, pero también los reprendió: “Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” (24:25, 26). El Señor es compasivo con nosotros cuando traemos sufrimiento sobre nuestras propias cabezas, pero también nos dice la verdad acerca de la causa de nuestro sufrimiento cuando viene por nuestra dureza de corazón. Necesitamos saberlo para arrepentirnos y rectificar nuestra manera de pensar. Notamos que el creer no es algo de la cabeza, sino del corazón. Claro, les faltó información. Necesitaban motivos para creer, pero éstos ya tuvieron suficientes. Por esto el Señor los reprende.
 
            Notamos el equilibrio en el carácter de Jesús. Él está “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). La gracia muestra simpatía y compasión, pero la verdad pone las cosas en relieve para que sepamos dónde está nuestro fallo. Ellos sabían que el Señor tenía que resucitar al tercer día. Tenían que haberse levantado aquella mañana pensando: “¡Fabuloso! Hoy es el tercer día, el día en que Jesús dijo que iba a resucitar. ¡Hoy vuelve a la vida!”. Pero en lugar de esto, pensaban que no iban a ver el cumplimiento de su profecía y se fueron de Jerusalén. Así se perdieron el anuncio de Pedro, y, si no hubiesen vuelto a Jerusalén, se habrían perdido la aparición de Jesús a los apóstoles también. Menos mal que el Señor se les apareció con sus palabras de comprensión y reprensión. ¡Que haga lo mismo por nosotros también!   

             

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