“Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día” (Lucas 24:6, 7).
Lectura: 24:22-26 y 24:41-48.
Los ángeles a las mujeres: (Lucas 24:6, 7).
Cuando las mujeres entraron a la tumba en búsqueda del cuerpo de Jesús se encontraron con dos ángeles que les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaban en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras”. Las mujeres se acordaron de lo que había dicho Jesús, de la necesidad de su muerte, pero Jesús no explicó el porqué era necesario.
Los discípulos de Emaús: (Lucas 24:26).
Cristo se acercó a los dos discípulos que iban a Emaús y les dijo: “¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?”. Jesús dijo que era necesario que muriese, pero no dio la explicación. Solo dijo que era necesario.
Los discípulos el día de la resurrección: (Lucas 24:44).
Cristo apareció a los once y a los que estaban reunidos con ellos y les dijo: “Estas son las palabreas que os hablé, estando aun con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras y dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciera, y resucitase de los muertos al tercer día”. Por cuarta vez se nos dice que era necesario que Cristo padeciese, pero no explica el porqué.
El porqué:
La explicación viene con el apóstol Pablo: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21). Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Fue necesario que fuese sacrificado para pagar la pena de nuestro pecado y hacernos justos delante de Dios. Su muerte fue una muerte en substitución por la nuestra, para que nosotros no sufriésemos la paga del pecado que es la muerte eterna, la condenación y la definitiva separación de Dios. La mejor explicación de la necesidad de la muerte de Jesús es la que leemos en Hebreos 9:26-28: (Jesús) “se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”. Jesús pagó las consecuencias de que nosotros hubiésemos roto la ley de Dios. Cumplió las exigencias de la ley con su vida perfecta, y pagó por nuestro incumplimiento de la misma con su muerte expiatoria. Su muerte fue necesaria para salvarnos y hacernos justos para que pudiésemos entrar y vivir eternamente en su reino.
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