«Dios llama las cosas que no son, como si fuesen» (Romanos 4:17).
La Biblia y, por lo tanto, la vida cristiana, está llenas de paradojas, cosas que parecen que se contradicen. Son verdades contradictorias, afirmaciones que, aunque opuestas, son ciertas. Vamos a nombrar algunas:
Es viuda, pero casada: «De la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria, porque tu marido es tu Hacedor” (Is. 54:4, 5).
No ha dado a luz, pero tiene muchos hijos: «Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz, porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová» (Is. 54:1).
Es el siervo, pero el primero: «Y el que quiere ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 20:27).
Son los últimos, pero los primeros: «Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros» (Mateo 20:16).
Son videntes, pero ciegos: «Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron; ¿acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece” (Juan 9:39-41).
Somos necios, pero sabios; débiles, pero fuertes; viles y menospreciados, pero escogidos por Dios: «Lo necio del mundo lo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1 Corintios 1:27, 28).
Se es cada vez mayor, pero cada vez más joven: «Aunque este nuestro cuerpo exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día» (2 Corintios 4:16).
Es visible, pero temporal; invisible, pero eterno: «Pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:17).
Andamos, pero estamos firmes: «Andad en él; arraigados” (Colosenses 2:6, 7).
Dios es invisible, pero visible: «Se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27).
Somos desconocidos, pero bien conocidos; muertos, pero vivos: «Como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos” (2 Cor. 6:8, 9).
Somos tristes, pero gozosos: «Como entristecidos, mas siempre gozosos” (2 Cor. 6:10).
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