PREPARATIVOS DE BODA (3)

“Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos (más bonitos), irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber” (Rut 3:3).
 
Lectura: Rut 3:1-18.
 
Ha amanecido delante de sus ojos un panorama prometedor, la posibilidad de un redentor. Con esta nueva perspectiva, Noemí cobró vida y se espabiló. Dijo a Rut: “Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien?”. Es interesante notar que la palabra “hogar” en el original significa “descanso”. El descanso para la mujer es estar bajo el amparo de un hombre que la ama y vela por ella. Ya viendo a un posible redentor, la mujer mayor elabora un plan de acción. Según la ley de Dios, el matrimonio para levantar descendientes al difunto se realizaba simplemente con el acto matrimonial de parte del redentor y la viuda. El hijo nacido de esta relación heredaría los bienes del que tenía que haber sido su “padre”, es decir, del primer marido de su madre. Booz ya admiraba a Rut por lo que ella había hecho para cuidar de su suegra. La había visto como una mujer diligente, recatada y responsable. Ahora, ¿cómo mostrarle a Booz que Rut estaba dispuesta a cumplir con lo que la Palabra de Dios enseñaba con respecto a los dos?
 
El plan que Noemí elaboró era que Rut se acostase al lado de Booz (lo de “los pies” es un eufemismo hebreo) en la era donde él estaba protegiendo la cosecha de ladrones nocturnos. Rut hizo caso a su suegra y se fue a la era. Cuando Booz se despertó durante la noche y la encontró a su lado, comprendió lo que ella le estaba pidiendo. El hombre se conmovió con la nobleza de Rut: “No temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa”. Pero había una pega. ¡Había otro posible redentor con la primera opción de redimir! Rut volvió a casa con la noticia. Cuando Noemí la supo aseguró a su nuera que Booz resolvería el asunto con el otro hombre aquel mismo día, y le dijo a su nuera: “Espérate, hija mía”. Rut tendría que esperar un poco más. Esperar en Dios es una de las cosas que más nos cuesta en la vida.
 
Rut no fue a buscarse a un marido según las costumbres de Moab, ni por los dictados de su carne, sino según la enseñanza de la Palabra de Dios, aun cuando lo encontrase un poco extraño y el hombre que le tocase fuera mayor, sino que se sometió, y encontró que Dios reserva lo mejor para la persona que le deja la elección a Él.
 
Y, en cuanto a nosotros, ¿qué podemos decir? Simplemente que: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32). ¿Tú qué piensas?

               

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