EN LOS CAMPOS DEL REDENTOR (2)

“Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto. Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que puede redimirnos” (Rut. 2:20).
 
Lectura: Rut 1:1-23.
 
En este punto de la historia entra el “héroe”, Booz, un posible redentor procedente de la familia del marido de Noemí. La ley de Dios proveía trabajo y también marido para viudas desamparadas y sin hijos para que no muriesen de hambre y para asegurar su futuro. El trabajo consistía en espigar, y el marido sería uno de la familia del marido que asumiera la responsabilidad para levantar descendencia para el difunto. Ninguna sociedad ha encontrado mejor provisión para la viudedad. Rut decidió salir a espigar en los campos para proveer para su suegra. Y dio la casualidad de que fue a parar al campo de un posible redentor rico, todo sin saberlo.
 
Booz resultó ser un hombre respetuoso, bondadoso y atento a las necesidades de la extranjera que ahora trabajaba en sus campos. Le brindó aceptación, protección, trabajo seguro y comida para ella y su suegra. La invitó a participar del pan y “vino” con los otros obreros. Consoló su corazón diciéndole: “Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte”. Al final de la jornada intensa Rut volvió a su suegra cargada con una gran cantidad de grano. Cuando Noemí supo dónde su nuera había estado trabajando, una chispa de luz alumbró su situación penosa. La fe de Noemí en el amor y la misericordia de Dios se avivó y le nació la esperanza de que quizás hubiera salida de su miseria.
 
La más obvia aplicación de lo que hemos leído es que después de la conversión en el camino a Belén sigue el trabajar en los campos del Redentor. El Señor nos salva para que le sirvamos. Hemos nacido de nuevo para usar nuestros dones y capacidades en la edificación de su Iglesia, en la extensión de su Reino. Trabajamos en conjunto con nuestros hermanos, en comunión con ellos, fortalecidos por el pan y el vino, hasta acabar la cosecha.
 
Es difícil no ver al Señor Jesús en la figura del redentor. Él es el que nos acoge, nos emplea en su obra, nos protege, nos valora, suple nuestras necesidades, nos trata con cariño, consuela nuestro corazón, restaura nuestra dignidad y nos da un futuro y una esperanza.
 
Reflexión: ¿Cuál es la remuneración completa que nos proporciona el venir a refugiarnos bajo las alas del Dios de Israel?

               

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