“Es pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos” (Hebreos 11:1, 2).
Lectura: Heb. 11:3-8.
Compartimos este himno que habla de algunos aspectos de esta fe:
El pecador que verdaderamente cree,
y confía en el Dios crucificado,
Perdón en el momento recibe,
Redención completa por su sangre;
La fe que lo une al Cordero,
Y trae una salvación como esta,
Es mucho más que una idea o una doctrina:
Es la obra del Espíritu de Dios.
Una fe activa y vital,
Que vive bajo presión y soporta cargas,
Hace que el temeroso sea más fuerte,
Y eleva al alma a Dios.
Dice a la montaña: “¡Fuera!”,
La que se interpone entre Dios y el alma;
Vende el corazón quebrantado,
Y sana la conciencia herida.
Esta fe pisotea el mundo y el infierno;
Conquista la muerte y la desesperación;
Y lo que extraña aún más decir,
Es la que conquista al Cielo por medio de la oración:
Permite que un gusano vil del polvo
Tenga comunión con Dios como Amigo,
Y que viva con devoción y confianza,
Caminando en su amor hasta el final.
Joseph Hart, 1712-68
Es la fe la que salva y es la fe la que santifica. Toda la vida del cristiano está llevada a cabo por medio de la fe. Cuando se presenta un problema, la fe responde. Busca a Dios, busca a qué atenerse en la Palabra de Dios, y vive con la actitud de que Dios le ha mostrado que debe tener cuando le buscó. La fe recibe promesas de parte de Dios y cree que se cumplirán aun cuando las circunstancias externas no dan ninguna evidencia de ello. La fe cree que lo que Dios dice Él lleva a existir. Dios habló y el mundo llegó a ser, y lo que Dios habla contigo vendrá a ser también. La fe es gloriosa. Participa de la eternidad donde Dios vive y llega a la tierra donde nosotros vivimos trayendo cosas que son una sólida realidad. Pues, la fe es la sólida realidad detrás de todo cuanto existe.
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