MI DIOS Y YO

 

“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido” (Salmo 139:1). “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón” Salmo 139:23).
 
Lectura: Salmo 139:1-12.
 
Este salmo tan íntimo seguramente es el favorito de muchos. Empieza como termina, con Dios examinándonos. La diferencia es que, al principio, el salmista hace constar que Dios ya nos conoce por saber todas las cosas, pero, al final, somos nosotros los que le pedimos que nos examine para diagnosticar nuestra condición y hacérnosla saber con la finalidad de que nos haga íntegros delante de Él. 
 
El gran desconocido para me soy yo misma. No reconozco mis patrones de conducta. No sé porque reacciono tan exageradamente delante de ciertas situaciones, no entiendo como mis heridas me condicionan, no entiendo mis motivaciones, no sé cuales son los pecados que me tienen atrapados. No reconozco cuáles son los pensamientos torcidos que forman la base de mi mente. Ni sé cuáles son las barreras que levanto para no dejar penetrar la Palabra de Dios en mi mente. Es por esto que pido que Dios me examine. Él llega donde yo no puedo llegar y lo hace con precisión. Su motivación es el amor, porque quiere quitar los obstáculos a la comunión que desea tener conmigo.  
 
Dios lo conoce todo. Sabe todo cuanto me concierne. Sabe lo que pienso, qué hago, cómo vivo y lo que digo: “Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, tú la sabes toda”. Es más, el Señor está cerca de mí, tocándome: No hay lugar donde pueda ir donde no me acompañe. Su presencia permea cada rincón del universo. “Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí”, pero no me siento invadido, porque quiero ser conocido y entendido por mi Dios. Me da seguridad. Me siento acompañado por Alguien que desea la intimidad conmigo. 
 
El Creador de todo lo existente supervisó personalmente el desarrollo de mi cuerpo en el seno de mi madre: “Tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas”. El Dios infinitamente grande conoce cada pensamiento de mi mente y cada célula de mi cuerpo. Él piensa en mí, y me alegro saberlo: “¡Cuan preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!”. En la noche Dios permanece conmigo: “Despierto, y aún estoy contigo”.
 
Si hay una oración en toda la Biblia que pueda cambiarnos y transformarnos a la imagen de Cristo, es esta: “Examíname, oh, Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mi camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. Padre amado, envía tu Espíritu Santo a examinar mi corazón. Iré confesando todo lo que me revelas como pecado e iré recibiendo tu perdón, porque quiero andar contigo en el camino eterno, mi amado Señor Jesús, en constante comunión con el Dios que me conoce y me ama. Amén.
 
Gracias a Dios por este camino de santificación. 

 

 Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.