LA HERMOSURA DE LA GLORIA DE LA MAGNIFICENCIA DE DIOS

 

“En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré. Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres, yo publicaré tu grandeza” (Sal. 145:5, 6).
 
Lectura: Salmo 145:1-21.
 
David agota su vocabulario para alabar al Dios que lo maravilla. Se recrea en repasar cómo es el Dios en quien ha puesto su confianza, y en lo que hace para los que le temen.
 
Cada Biblia de los que aman al Señor y lo buscan tendrá subrayada muchos versículos de este salmo que se recrea en las cualidades, la magnitud y los hechos maravillosos del Dios en quien creemos. Su meditación nos lleva de forma natural a la alabanza, como lo hizo para David, quien dijo al Señor: “Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable”.   
 
¿Cómo es Dios? Lo podemos estudiar en un tomo de teología para saberlo, o podemos palparlo en salmos como este, cuya meditación nos emociona, nos inspira y llena nuestro corazón con deseo por Él: “Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia”. Dios es justo y misericordioso, aunque parece que estas dos cualidades se contradicen. ¿Cómo pude ser Dios justo y misericordioso a la vez? Si es justo, nos condena, pero si es misericordioso, nos perdona, aunque no lo merecemos. En Cristo se encuentran; Él fue “lleno de gracia y de verdad”. David lo supo: “Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras”. Dios es soberano: “Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones”. Él es el tema de nuestra conversación con otros creyentes: “Tus santos te bendigan. La gloria de tu reino digan, y hablen de tu poder, para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos, y la gloria de la magnificencia de su reino”.
 
¿Qué hace el Dios nuestro? “Sostiene a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos. Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo. Abres tu mano, y colmas de bendición a todos los que te invocan… Cumplirá el deseo de los que le temen; oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará”. Vuelca su gracia sobre los que le buscan de verdad.
 
No es cuestión de creer que Dios existe, sino de apasionarnos con Él, de amarlo con todo nuestro corazón, alma, fuerzas y mente, y explayarnos en alabanza a su santo Nombre.
 
Padre amado, que mi vida de alabanza inspire a otros como la de David nos inspira a nosotros, y llegue a tu mismo corazón. “Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré”. Amén.

 

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