“Restaura todo lo que era de ella” (2 Reyes 8:6).
Lectura: 2 Reyes 4:8-37.
Dios da y el diablo roba. Como nos enseñó el Señor Jesús: «El ladrón [por ejemplo, el diablo] viene para robar y destruir y matar» (Juan 10:10). Cuando Dios nos da una cosa, el diablo procura robárnosla, y eso, tanto si es una cosa material como algo espiritual. La fe pide la restauración de todo aquello que Dios nos ha dado.
Dios había bendecido a la sunamita con un hijo cuando llevaba años casada sin poder tener hijos. Hizo el milagro por la intervención de Eliseo. Luego, cuando el niño murió de repente, la mujer acudió a Eliseo con fe, pidiendo que viniese a su casa para restaurar la vida de su hijo. Desde luego, ¡la fe de esta mujer es como la de Abraham en cuanto a la resurrección! Ella no creyó que Dios había intervenido en su vida dándole un hijo para que muriese.
Luego ocurrió el problema de sus bienes materiales (2 Reyes 1-6). Eliseo le advirtió que venía una sequía y que fuese a otro país para sostenerse. Cuando volvió encontró que había perdido su casa, sus campos y todos sus bienes. Así que tomó la iniciativa de ir al rey para pedir la restauración de lo que era suyo. En este capítulo leemos cómo Dios hizo que se le devolviese todo, ¡hasta el fruto que sus campos habían dado en su ausencia! “Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora» (2 Reyes 8:6). Dios no le había advertido de la sequía para que perdiese todo.
Dios no nos ha dado paz para que el enemigo nos la quite, ni nos ha dado unos hijos para que se pierdan, tampoco nos ha dado bienes materiales para perderlos. Acudimos a nuestro Rey para pedirle con humildad la restauración de todo lo que nos ha dado que el enemigo ha venido a robar.
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.