“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:26, 27).
Lectura: Romanos 12:17-21.
Tenemos que saber cómo enfadarnos sin pecar. No es fácil. Hay muchas cosas que nos hacen enfadar justificadamente. Oímos de injusticias, vemos a jóvenes tratando a mayores sin respeto, vemos abusos de autoridad, escuchamos barbaridades por los medios de comunicación. La reacción normal en estos casos es enfadarnos, pero hemos de tener mucho cuidado para no abrirle la puerta al diablo por la expresión que damos a nuestro enfado. Hay una manera correcta de expresar indignación sin abrir la puerta a la obra del diablo por medio de nuestra actuación. Cuando el Señor Jesús se enfadó en el templo (Juan 2:13-22) lo hizo con ira justa. Su actuación fue violenta, en cierto sentido, pero totalmente controlada y correcta. A veces nuestro enfado es igualmente justificado, pero la forma que le damos es incorrecta y pecamos.
Si el enfado produce sentimientos de odio o rechazo hacia el ofensor, nos hemos extralimitado. Si tenemos ganas de darle una bofetada, ¡también! Si nos ponemos a despotricar contra la persona que ha dicho barbaridades y calentamos la cabeza de otra persona en contra de esta, hemos abierto la puerta al diablo, y él lo aprovecha para quitarnos la paz, para manipular nuestras emociones, y si puede, para llevarnos a cometer más actos pecaminosos contra la persona que nos ha ofendido. Otras veces reaccionamos proyectando nuestra ira contra otra persona, o por incordiar a los que tenemos al lado, a nuestros familiares. Nos hacemos muy desagradables e introducimos un ambiente en casa que no es del Señor.
El texto de Efesios sigue diciendo: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca… No contristéis al Espíritu Santo” (4:29-30). Es fácil ver cómo una ofensa nos lleva a decir cosas feas, y ya nos prestamos a la obra del diablo. Si persistimos, resistimos a la voz del Espíritu Santo, nos endurecemos, nos ponemos tercos y seguimos por nuestro camino sin hacerle caso. Así perdemos la comunión con el Espíritu y la paz con Dios. Entonces el pecado de otro nos ha llevado a pecar también.
Es importante que nos demos cuenta, cuando algo o alguien nos hace enfadarnos, que estemos al tanto de nuestras emociones, sin engañarnos a nosotros mismos en cuanto a nuestro estado emocional. ¡No digamos que no estamos enfadados cuando realmente lo estamos! Nos hemos de conocer tan bien, tratarnos con tanta honestidad y estar tan sensibles a la voz del Espíritu Santo, que no nos descontrolemos cuando algo nos provoca. No queremos apartarnos del Señor, ni por un segundo. Hemos de dar el cauce correcto a nuestro enfado, y bajo el control del Espíritu Santo, seguir el camino correcto y tomar los pasos necesarios para corregir la situación, ¡y todo sin pecar! En pocas palabras, ¡cuando estemos bien enfadados, que nos enfademos bien!
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.