ME RESPONDISTE

 

“El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma” (Salmo 138:3).
 
Lectura: Salmo 138:1-8.
 
“El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma”. Cuando clamamos a Dios con el alma, en medio de la angustia, nuestra súplica llega a sus oídos compasivos y se mueve para ayudarnos. Nuestra experiencia testifica de ello.
 
David estaba muy contento, alabando a Dios por venir a su rescate cuando se encontraba en medio de una situación angustiosa que lo superaba: “Te alabaré con todo mi corazón; delante de los dioses te cantaré salmos. Me postraré hacia tu santo templo, y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas”. La intervención de Dios se hizo patente y se dieron cuenta de la grandeza de su Dios los reyes de otros países que lo observaban: “Te alabarán, oh Jehová todos los reyes de la tierra… cantarán de los caminos de Jehová. Jehová es excelso, y atiende al humilde”. La obra de Dios en la vida de David da testimonio a los demás.
 
Por medio de esta experiencia David se da cuenta de varias cosas: cuando clamamos a Dios, nos responde; Dios atiende al humilde; Dios lo salvará de sus enemigos y preservará su vida para que lleve a cabo sus propósitos para él: “Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás”. Dios tiene un propósito para su vida y lo cumplirá: “Jehová cumplirá su propósito en mí”.  El enemigo no va a prevalecer. Dios no nos abandonará al deseo del enemigo.
 
David termina el salmo con esta súplica tierna: “No desampares la obra de tus manos”. Sabe llegar a Dios. Se humilla y le recuerda al Señor que él es la obra de sus manos, y, por tanto, tiene cierta responsabilidad para con él. La reclama. Dios lo ha formado y sigue estando en sus manos para que termine su obra en él. Y Dios lo hará porque, como David dice: “Tu misericordia es para siempre”.
 
 
Cuando clamamos a Dios, Él nos fortalece con poder en nuestra alma, es decir, con poder espiritual. Nos vivifica. Nos llena de su vida y con ello no nos hundimos emocional o espiritualmente. No solamente nos ministra, también derrota al enemigo de manera que los propósitos de Dios se cumplen en nuestras vidas, no los propósitos del enemigo.   
 
En el día de tu angustia, clama a Dios y te fortalecerá con vigor en tu alma, te vivificará, y cumplirá su propósito en ti.

               

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