“Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos; respóndeme por tu verdad, por tu justicia. No entres en juicio con tu siervo; porque no se justifica delante de ti ningún ser humano” (Salmo 143:1, 2).
Lectura: Salmo 143:1-12.
El enemigo ha ido a por David, lo mismo que hace el enemigo espiritual con nosotros, y los resultados son los mismos: angustia y una sensación de condenación bajo el justo juicio de Dios, y temor a la muerte. Veremos cómo David salió de este ataque.
No es de sorprender que Dios amara tanto a David, a pesar de sus fallos éticos, porque su corazón estaba apegado a Dios. Clama a Dios con el alma. Reconoce que nadie puede acercarse a Dios por mérito propio: “porque no se justificará delante de ti ningún ser humano”. En su oración emplea muchas palabras cargadas de emoción que hablan de su profundo amor por Dios: “Porque ha perseguido el enemigo mi alma; ha postrado en tierra mi vida; me ha hecho habitar en tinieblas con los ya muertos. Mi espíritu se angustió dentro de mí; está desolado mi corazón… Desmaya mi espíritu”.
Lo que David está pidiendo es a Dios. Sin Dios se muere: “No escondas de mí tu rostro, no venga yo a ser semejante a los que descienden a la sepultura”. ¿Qué dios puede resistir una súplica así? El enemigo ya está en segundo plano. Si consigue que Dios alce su rostro sobre él, todo está solucionado: “Hazme oír por la mañana tu misericordia… porque a ti he elevado mi alma”. Habiendo dicho todo esto, David pide lo que necesita: “Líbrame, de mis enemigos, oh Jehová”.
Y ahora viene la solución, que es la de siempre: confianza y obediencia: “en ti he confiado”; “Enséñame a hacer tu voluntad”; y la fe en Dios. David se posiciona firmemente en Dios: “Por tu nombre, oh Jehová me vivificarás; por tu justicia (no por la suya propia), sacarás mi alma de la angustia”. El resto es historia.
Conectamos con Dios con el alma, el espíritu y, hasta físicamente, cuando extendemos nuestras manos a Él. Lo hacemos con emoción, con confianza en Él y con fe en que Dios nos ayudará y todo saldrá bien, porque yo soy suyo y Él es mi Dios.
La obra del enemigo solo ha servido para intensificar la relación del creyente con su Dios.
Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.