“Jehová, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse” (Salmo 130:3).
Lectura: Salmo 130:1-8.
El problema es insuperable. “De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo. Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi súplica”. El Salmista está contemplando el problema del pecado. Sabe que Dios puede perdonar el pecado, pero ¿cómo puede redimir a Israel del poder del pecado para que no peque?
Esta es una buena pregunta: ¿Cómo puede Dios librar a su pueblo del poder del pecado? Una cosa es perdonar el pecado, y otra cosa muy diferente es librar a la persona del dominio del pecado para que ya no sea esclavo de él. La solución tiene que proceder de Dios, porque, por mucho que lo intente, Israel no puede salvarse a sí mismo. En tiempos del salmista existía el sistema sacrificial del templo que cubría el pecado con el sacrificio de corderos, pero no existía ningún medio de regeneración que introdujese al hombre en una vida de santidad: “Jehová, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado”.
El salmista conoce a Dios y conoce su palabra: “Esperé yo a Jehová… en su palabra he esperado”. Ama a su pueblo y ama al Señor, y la falta de santidad en su pueblo le afecta profundamente. La Palabra tiene que explicar el camino de redención. Busca la solución de su dilema en ella. Espera una solución: “Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana”. Sufre por el estado de su pueblo. Confía en que Dios haga algo para redimir a su pueblo, pero no sabe qué: “Espere Israel a Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él; él redimirá a Israel de todos sus pecados”.
La espera mostró ser larga, hasta el sacrificio de Cristo y la venida del Espíritu Santo. El hombre necesita el perdón de su pecado y además el poder del Espíritu Santo para ser redimido del poder del pecado para vivir en santidad. El salmista no tuvo la respuesta, porque no fue revelada hasta Cristo, pero confiaba en que Dios redimiría a su pueblo.
¿Tú esperas la liberación y transformación del pueblo de Dios, o de una persona a la que amas, de un creyente esclavizado por un pecado? Clama al Señor como clamaba el salmista. Persiste. Dios buscará el camino.
¿Cuál es la diferencia entre el perdón de pecados y una nueva vida en Cristo?
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