“Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz” (Marcos 15:21).
Lectura: Marcos 15:16-22.
La Cruz era muy pesada para Jesús después de haber sido torturado y el Señor tropezaba y se caía bajo su pesada carga. Dios en su misericordia proveyó a una persona que le ayudase a llevarla. Se ve que esta persona, Simón de Cirene, llegó a ser creyente y discípulo de Cristo, conocido por los hermanos de la iglesia primitiva, porque figuran datos que solo se pueden saber si los comparte él mismo, y porque los lectores del evangelio conocerían a Alejando y Rufo, que seguramente se convirtieron también juntamente con su padre.
El Señor nos dice a nosotros que, si queremos ser sus discípulos, tomemos nuestra cruz cada día y le sigamos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mt. 10:28; Lu. 14:27). Cada día tenemos que volver a coger nuestra cruz y llevarla. A veces caemos bajo su peso. Es entonces cuando el Señor nos envía amigos a que nos ayuden a llevarla. Vamos a ofrecernos también a ayudar a otros a llevar la suya. Que nadie de nuestro círculo caiga aplastado y se quede postrado bajo el peso de su cruz. Vamos a ser un grupo de amigos, cada uno llevando la cruz de su compañero.
Por mí el Señor Jesús llevó la cruz, Simón le ayudó a llevarla, y que yo siga su ejemplo, que ayude a mis hermanos, a cada uno, a llevar la suya. ¿Qué puedo hacer yo para que su cruz sea menos pesada?
Padre amado, tengo una cruz que me aplasta, pero cada día Tú envías amigos a que me ayuden a llevarla para que yo esté libre para ayudar a otros a llevar la suya. Gracias por ello y gracias por aquel que llevó la de todos. Amén.
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