HACER PARA NOSOTROS TESORO[1]

  

“Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:21).
 
Lectura: Lucas 12:16-21.
 
El texto de manera clara está invitándonos a hacer exactamente lo opuesto de lo que el mundo nos invita a hacer, lo que hizo el hombre de la parábola que decidió acumular riquezas para sí mismo. En términos financieros hablamos de dos fases en la vida (esto es en planificación financiero): la fase de acumulación y la fase de librarnos de lo que hemos acumulado. La segunda normalmente empieza cuando nos jubilamos. La fase de acumulación empieza cuando empezamos a ganar un suelo. Acumulas dinero y trabajas para incrementar tus ahorros. En la etapa de librarnos, empezamos a gastar el dinero que hemos acumulado durante los años de trabajado. Es lógica la planificación financiera.
 
 Pero este texto nos está invitando a gastar el dinero en fe. Nos está invitando a no hacer lo que el mundo nos dice que tenemos que hacer. Nos invita a salir en fe y depender de la provisión del Señor. Vender todo lo que podemos y regalarlo a los pobres. Y la pregunta es: ¿Tenemos el valor para hacerlo?  La pregunta siguiente es: ¿Está invitación fue para los discípulos, o es para nosotros también? Tiendo a pensar que esta invitación es para nosotros también, no solo para los discípulos. Pienso que a veces nos quedamos con cosas porque pensamos que nos hacen falta y pensamos que es lógico y sabio hacerlo. Pero a veces el Señor nos invita a soltar nuestras posesiones con la esperanza y la convicción de que Dios proveerá. 
 
Lo que nunca estamos invitados a hacer es agarrarnos a las cosas que no necesitamos. Yo tengo que confesar que hay muchas cosas que yo tengo que no necesito. Muchas cosas. Y, por lo tanto, creo que voy a hacer lo que el Señor me invita a hacer en este texto: deshacerme de estas cosas. Tengo mucha ropa que no necesito, juguetes que no usamos, aparatos que no necesito, etc.
 
Es muy fácil escondernos detrás del pensamiento que esta enseñanza fue para los discípulos de entonces porque ellos eran predicadores ambulantes. Y, en cierto aspecto, eso es cierto, pero ¿quién ha dicho que algo ha cambiado, que no debemos estar siempre preparados a ir también? Si yo tuviese que ir, tardaría semanas en empaquetar todo lo que tengo en la casa, ¡y yo soy la clase de perdona que quita las cosas de en medio rápidamente!
 
Así que creo que esta es la cuestión que tenemos por delante. ¿Qué hago que todo lo que he acumulado? ¿Cómo debo manejar mis bienes para el Señor?    
 


[1] Escrito por Becky Cretney

             

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