“El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come” (Romanos 14:3).
Romanos 14:1-17.
Este capítulo tiene mucho que decir acerca de nuestra libertad en Cristo. El Señor nos ha dado la libertad de hacer muchas cosas, pero hemos de renunciar a nuestro derecho a usar esta libertad si va a ocasionar ofensa al hermano. Nuestra libertad termina donde viola la conciencia del otro. En nuestras iglesias este tema está al orden del día. Si yo tengo libertad para usar cosméticos o ponerme pendientes, por ejemplo, y sé que voy a ofender a mi hermano, no me los pondré para ir al culto. Si tengo la libertad de dar palmas con la música y mi hermano no quiere, no voy a insistir en ello. Si a mi hermano le ofende que vaya al cine, no le voy a contar las películas que he visto. Tampoco voy a programar que el grupo de jóvenes vaya al cine. Hay muchos otros lugares a donde puedo ir sin ofender a nadie. Si para mi hermano es una ofensa que un creyente beba vino y los dos salimos a comer fuera, no voy a pedir vino con la comida. Tampoco lo voy a poner en la mesa si viene a mi casa a comer. Esto es de cajón, pero a veces tenemos que volver a meditar en estos principios. ¿Estoy haciendo algo que pueda ofender a mi hermano? ¿Qué aprecio más: mi libertad, o a mi hermano?
Además de no ofender al hermano, tampoco debemos menospreciarlo o juzgarlo. Si tengo más libertad de conciencia que él, tengo la tentación de menospreciarlo, y si él tiene más libertad que yo, tiene la tentación de juzgarme. Si él hace una cosa que para mí es pecado, pero para él no lo es, tiendo a juzgarlo, pero no debo. La enseñanza bíblica es que si yo creo que una cosa es pecado, para mí lo es, y no debo hacerlo: “Nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es” (Romanos 14:14).
“Si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida (o por lo que fuera) se pierda aquel por quien Cristo murió” (14:15). Lo que debemos evitar es ofender a alguien para que deje de venir a la iglesia y endurezca su corazón y eventualmente se pierda. Queremos ser sensibles a las opiniones de los demás: “Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de tu (libertad). Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come (o bebe, o lleva puesto, o haga o deje de hacer en un culto, o muchas otras cosas) (14:18-20). Si mi hermano se va a ofender, renuncio a mi libertad por amor a él, y así agrado a Dios, soy aprobado por los hombres, sirvo a Cristo, y contribuyo a la paz y a la mutua edificación.
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