DAR LUGAR AL DIABLO

“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44).
 
Lectura: Ef. 4:24-29.
 
¿Cuáles son las posibles consecuencias de abrir la puerta al diablo y darle lugar en nuestra mente y conversación?
 
Esto no es ningún juego de niños. Muchos creyentes creen que el diablo existe, y que en tiempos de Jesús había endemoniados, pero no tienen ni idea de lo que el enemigo pretende en cuanto a ellos. No es por nada que el apóstol Pablo dice: “No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). La persona despistada en una guerra se pone en gran peligro. El apóstol Pedro dijo: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe” (1 Pedro 5:8, 9).
 
Dios había puesto una cerca alrededor de Job y su casa para protegerlos de Satanás (Job 1:10), impidiendo que Satanás tuviese acceso a él. Cuando Dios quitó la cerca, o el muro de protección, ¿qué hizo Satanás? Entró para destruir el alma de Job. Primero le robó todas sus posesiones, luego le quitó sus hijos, después su salud, y por último quería destruir su fe en Dios, pero no lo logró, y Job salió victorioso. Después, Dios le restauró todo con creces. En cuanto a hijos, ¡ya tiene 20 en el cielo! Esto pasó con Job, entre otros motivos, por amor a nosotros, para que supiésemos cómo es nuestro enemigo y lo que es capaz de hacer y no hacer. No fue por culpa de Job. ¡Pero ay de nosotros si nosotros mismos abrimos la puerta al diablo! Por esto Pablo dice: “No deis lugar al diablo” (Ef. 4:27). ¿Y si lo hacemos?
 
Si lo hacemos, podemos destruir nuestra vida o la vida de otra persona. Esto es lo que el diablo pretende. Él mata. Baja su influencia, sin darnos cuenta de ello, podemos decir cosas a una persona que la hiere en lo más profundo de su ser, infligiendo heridas que cuestan mucho sanarse. Podemos arruinar su reputación. Podemos disgustarla tanto que pierde la salud. Podemos hacerle odiar a otra persona de la cual hablamos mal. El diablo es el “acusador de los hermanos” (Apoc. 12:10), y nos induce a hacer lo mismo. Selah. Podemos terminar amistades, o destruir matrimonios. Por medio de nuestra critica diabólica podemos expulsar a gente de la iglesia, dividir, o cerrar iglesias. ¿Un creyente puede hacer estas cosas? Sí, uno que da lugar al diablo. La lengua contamina todo el cuerpo, y ella misma es inflamada por el infierno” (Sant. 3:6) e, inspirada por el diablo, tiene un poder destructivo incalculable.
 
El Señor Jesús nos enseñó a orar: “Líbranos del mal”, que también se puede traducir por: “Líbranos del malo”, el decir, “del maligno”.  Por nuestra parte, hemos de guardarnos muy mucho del mal: controlar nuestra boca, frenar nuestra ira y controlar nuestro corazón, para que no tengamos celos, contiendas, deseos de venganza, o malos deseos contra nadie. Si andamos en amor, mantendremos la puerta cerrada al diablo. Si le abrimos la puerta, entrará y causará terrible destrucción y sufrimiento. Hemos de velar.   

               

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