ASOCIÁNDOOS CON LOS HUMILDES

 

“Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes” (Rom. 12:16).
 
Lectura: Santiago 2:1-10.
 
            Normalmente hacemos amistades con los de nuestra clase social o los de nuestra clase educativa. Si tenemos una formación universitaria, nos encontramos más cómodos con otros universitarios. No solemos planear que vamos a ser amigos de cierta persona, sencillamente sale así. Pero si no nos asociamos con los humildes, no damos lugar para que esta clase de amistades ocurra. Limitamos nuestras opciones. Esto es lo que las Escrituras nos enseñan que no debemos hacer. En el contexto de la iglesia deberíamos mantenernos abiertos a posibles amistades con todas las clases sociales y económicas y con todas las culturas.
 
“Si hacéis acepción de personas, cometéis pecado” (Santiago 2:9). Tenemos la tendencia a valorar a la gente según su estatus como los del mundo, y al hacerlo nos cerramos a posibles amistades que podrían enriquecer nuestras vidas. Nunca vamos a aprender de los ricos lo que es vivir cada día dependiendo de Dios para comer. O cómo seguir adelante con fe en Dios cuando la casa está embargada y no hay dinero para hacer los pagos. Tampoco veremos milagros de la provisión de Dios, ni experimentaremos juntamente con ellos lo que es vivir cada día con el marido en el alcohol o los hijos en la droga y ver cómo su fe en Dios los mantiene a flote y provee salidas. Ni veremos cómo una viuda rehace su vida sin recursos después de la muerte de su marido.
 
“¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo para que sean ricos en fe?” (Santiago 2:5). Acerca de ellos el Señor dice: “Conozco tu tribulación y tu pobreza, pero tú eres rico” (Apocalipsis 2:9). El Señor no ve la riqueza como nosotros, ni valora a la gente según nuestros criterios. Al asociarnos con los humildes tenemos una perspectiva divina de la verdadera riqueza. Y al tener amistad con gente que sufre verdadera necesidad, aprendemos a dar, a llevar sus cargas, a tener fe en Dios para sus necesidades, a llorar con ellos y a gozarnos con ellos cuando Dios provee. ¡Esto nos enriquece a nosotros! La vida cristiana es mucho más real compartiéndola con los pobres, nos acercamos más al Señor cuando tenemos auténtica amistad con ellos, nuestro corazón se ensancha, nuestra fe crece y somos mucho más ricos como consecuencia. ¡Casi tan ricos como ellos!  

 Copyright © 2025 Devocionales Margarita Burt, All rights reserved.