“Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada” (Juan 6:12).
Lectura: Juan 6:11-15.
La otra cosa que me llama la atención es que recogieron las sobras. No desperdiciaron nada. Estaba meditando en ello: ¿Por qué recogieron los trozos de pan que sobraron y no dejaron que fuesen desperdiciados? Y pensé: porque seguramente las cestas con las sobras hicieron ver a la gente que el milagro había tomado lugar y por eso la gente quiso hacerle rey a Jesús. Estas eran las consecuencias que Jesús no deseaba. Tuvo que salir de allí e ir a un lugar apartado para evitarlo.
Y luego me pregunté: ¿Qué pasó con las sobras? Tienes allí doce cestas de comida que sobraron de gente que ya estaba llena. No es fácil conservar este pan. No tenían congeladores para guardarlo. No creo que al Señor le guste el desperdicio, así que, ¿qué pasó con las doce cestas de restos de pan? El texto no nos lo dice. Lo que sabemos es que había mucha pobreza, y también sabemos que este encuentro de repente fue terminado. Podemos imaginar varias cosas. Yo pensaría que la gente se llevó los restos para dar el pan a otros que sabían que tenían hambre, y de la bendición que ya habían recibido dieron a otros, y así extendieron la bendición. Si es así, nos está enseñando un modelo para hacer discípulos. Jesús es el pan de vida. Da el pan a los discípulos, ellos dan el pan a la gente, y la gente da el pan a aún más gente. Es decir, Jesús da el evangelio a los discípulos, y ellos lo dan a otros, y éstos lo dan a otros, y así sucesivamente se extiende el evangelio al mundo entero. De esta manera este incidente llega a ser el modelo para el discipulado.
La clave de todo es que todos tenían que estar dispuestos a recibir la comida. Tuvieron que estar dispuestos a sentarse y esperar y reconocer la provisión que Jesús había hecho. Así recibimos de Jesús lo que Él nos ha dado. Mucho de lo que hemos recibido nos fue dado por personas como el apóstol Pablo. Comemos y damos de comer a otras personas. No creo que las doce cestas de pan fueran desperdiciadas. No creo que las abandonasen allí en el campo, tampoco creo que se quedasen allí para que la gente las mirase, ni solo para que la gente se diese cuenta del milagro tan grande que Jesús había hecho. Creo que fue importante que la gente se diese cuenta del milagro, pero no creo que esta fuera la única intención de Jesús. Creo que a veces tenemos que señalar el milagro, porque a veces la gente no lo ve. La vida es toda una serie de milagros que la gente no tiene ojos para ver y se los tenemos que señalar. Claro, cuando la gente se dio cuenta del milagro, quiso hacer rey a Jesús. Entender el milagro no siempre nos conduce a la conclusión correcta. Entender no significa que tengamos que emplear nuestra lógica para saber el próximo paso a seguir. Hacerle rey es la lógica humana, pero no se aplicaba aquí. Hay tres cosas que creo que el Espíritu Santo me ha hecho ver aquí y me pregunto cómo se aplican a nuestras vidas: el sentarnos, el no desperdiciar y el error de la lógica humana.
Padre amado, muéstranos cómo aplicar estas tres cosas a nuestras vidas. Puede ser que el próximo paso no sea la conclusión lógica. Pido, Señor, que no saltemos a la lógica humana, sino que Tú nos muestres el camino a seguir. Guíanos, porque no podemos ver con tus ojos. No podemos imaginar cuáles son tus planes. Ayúdanos a descansar en el conocimiento de que Tú sí sabes, que Tú nos guiarás, y que proveerás para nosotros. Y pedimos que la bendición que Tú nos has dado sea multiplicada para otros, en el nombre de Jesús, amén.
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